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lunes, 11 de octubre de 2010

Los Gomer y las Urgencias

Cualquiera que haya leído el libro de Samuel Shem "La Casa de Dios" sabe lo que en esta novela significa el término Gomer. Según la deficinión del propio libro siginifica: "Get Out of My Emergency Room", un ser humano, que según el Gordo, uno de los personajes de la novela, ha perdido los elementos que lo constituían como tal a consecuencia de la edad y que cumple una de las leyes que reinan en el hospital La Casa de Dios: "Los Gomers no mueren". En el libro, que retrata el funcionamiento de un hospital americano de los años 70, la mayor preocupación de los médicos de urgencias es cómo "quitarse de encima" a los gomer.

En la vida real, podríamos decir que el autor utiliza el término gomer para referirse a los pacientes ancianos que presentan múltiples patologías, la mayoría incapacitantes, y que presentan descompensaciones de varias de esas patologías a la vez, aunque ninguna de ellas suponga un riesgo vital para él, y que presumiblemente, requerirán un ingreso largo para estabilizarlos, aunque eso no supoponga mejorar su calidad de vida. 

La realidad es que este tipo de pacientes son cada vez más frecuentes en los servicios de urgencias y para el médico que les atiende supone un auténtico reto poder llevar a cabo una atención sanitaria completa, pues habitualmente estos pacientes requieren un ingreso hospitalario y un tratamiento que va más allá del que se puede prestar en urgencias. 

Y digo que es un reto porque una vez has valorado al paciente y establecido el criterio de ingreso comienza la lucha con los distintos especialistas para decidir dónde debe se ingresar a ese paciente. 

Lo habitual es que inicies esta batalla personal solicitando una cama en un hospital de larga estancia, para poder trasladarlo directamente desde urgencias, pero amigo...no hay nada más difícil que encontrar esa ansiada cama en estos hospitales. Por definición, estos hospitales tienen un recambio de pacientes muy lento, es decir, cuando un paciente ingresa allí, puede que su estancia se prolonge unos meses, y como consecuencia, se dan pocas altas cada día, quedando pocas camas disponibles para nuevos pacientes, así que esta solución sólo está disponible en contadas ocasiones...

Una vez descarta la opción del hospital de crónicos es cuando comienza la auténtica batalla, pues ningún especialista considera que sea un paciente para él, pues como digo, habitualmente se descompensan de varias cosas a la vez y nadie quiere hacerse cargo del resto de patologías. Finalmente el paciente acaba ingresando en los servicios de medicina interna, no sin el evidente descontento por parte del internista, pues estos pacientes, no requieren de un reto diagnóstico espectacular, tan sólo necesitan cuidados médicos durante un periodo de tiempo prolongado.

Después de todo esto tengo que decir que personalmente me apena mucho ver cómo sin querer, estos pacientes se acaban convirtiéndo en un "problema" para los médicos de urgencias, pues pasas muchas horas intentando buscar el mejor sitio para él y en demasiadas ocasiones te encuentras con puertas cerradas o con otras a las que debes llamar demasiadas veces para que se abran...

Me apena, me apena porque en este mundo tan instrumental en el que vivimos nos olvidamos de que los gomer de La Casa de Dios son personas, que sienten y padecen y que merecen todo nuestro respeto y dedicación como profesionales, y en demasiadas ocasiones nos olvidamos de que cada uno de nosotros, también llegará a ser un gomer algún día y estoy segura de que ese día no nos gustará encontrar esas puertas cerradas...

Desde aquí mi reflexión sobre la atención sanitaria a los pacientes ancianos y mi deseo de que, teniendo en cuenta la longevidad cada vez más mayor de nuestra población, las autoridades competentes doten a la sanidad pública de los recursos necesarios para poder ofrecer a estos pacientes la atención que merecen.