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viernes, 14 de enero de 2011

Las cenizas del Fénix


¡Al fin se acabó el periodo navideño!...No me entendáis mal, estos días festivos son muy bonitos en cuanto a la relación con la familia, las buenas intenciones y propósitos y otros menesteres que formarían una larga lista...Sin embargo, en los Servicios de Urgencias, estas fechas suelen ser, y así ha sido de nuevo este año, un auténtico infierno.

Llevaba muchos días queriendo escribir este post, y no había tenido tiempo aún, pues he pasado más tiempo en el Hospital que en casa, y sinceramente, en unas condiciones de trabajo que no quiero más que olvidar.

Os hablo de días de masificación absoluta del Servicio, días en todo está bajo mínimos en el Hospital y tienes menos recursos para todo, días que suelen coincidir con el pico estacional de la gripe y la consiguiente descompensación de pacientes crónicos, días en los que en Urgencias no caben más pacientes, en que hay 6 y 7 horas de espera, que no hay camas libres en el Hospital y los pacientes quedan ubicados durante días en camillas en los pasillos de urgencias...

Guardias que parece que no se acaban nunca, y que por mucho que trabajes, nunca es suficiente....días en que, tristemente , piensas que te has equivocado de trabajo, y que estar así no tiene sentido, días en que sientes la mayor de las impotencias, pues quieres trabajar y no puedes por falta de espacio, de infraestructura, y te parece denigrante visitar y "aparcar" a los pacientes en los pasillos....días en que sientes que no haces las cosas bien, pero no sabes cómo hacerlas mejor porque parece que no hay otra salida....

Esos días en que todo el mundo te grita y te reprocha por la larga espera, y tú no puedes hacer nada más que asentir con la cabeza, pues lo entiendes, pero hay cosas contra las que no puedes luchar, y cuando el sistema se viene abajo porque se ve sobrepasada su capacidad de respuesta en relación con la demanda, es difícil sacar las cosas adelante y hacer bien tu trabajo, es como nadar contracorriente...

Tras sobrevivir a esas guardias te planteas seriamente si estás en el lugar adecuado, valoras el estrés que conlleva este tipo de situaciones, y pones en una balanza lo que puedes aportar si sigues ahí...siempre acabas pensando que en esas condiciones no es mucho, lo que puedes aportar, pero también es cierto que si todos pensaramos eso no habría nadie en las "trincheras"...Así que, una vez has descansado un poco, parece que los malos momentos vividos se olvidan levemente, y sólo lo suficiente para permitirte volver a empezar y esa parte adictiva que tiene este trabajo te hace de nuevo ponerte las pilas para afrontar un nuevo días con la mejor de las intenciones....

Esas han sido las Navidades en Urgencias, y por eso os digo, que al fin se acabaron...! Aún no hemos vuelto a la normalidad, pero poco a poco van volviendo a ser los típicos días de invierno, con mucha gente, con cierto colapso, pero sin llegar a la situación de las semanas anteriores...


Os dejo un vídeo de la canción de Amaral "Resurrección", pues esa la intención, resurgir de nuevo de las cenizas navideñas cual Ave Fénix, y volver a empezar este nuevo año con energías renovadas, con la misma intención de seguir, como siempre, y a pesar de todo, REANIMANDO LAS URGENCIAS

lunes, 13 de diciembre de 2010

La decisión de Pablo

Era una guardia más de fin de semana, un sábado por la noche más de guardia en el hospital, y como siempre, atendiendo intoxiaciones etílicas, agresiones y otros menesteres propios de estos días. 

Las horas iban pasando, y yo me miraba el reloj pensando que ya me quedaba menos para acabar la jornada e irme a casa, cuando escuhé la sirena de una ambulancia que aparcaba en la puerta. En la camilla venía un chico de 20 años, Pablo, y detrás, venían corriendo otros dos chicos de la misma edad, con la cara desencajada, Andrés y Juan. 

Los tres habían salido de fiesta esa noche, eran amigos desde pequeños, lo habían pasado bien, pero ya era hora de volver a casa. Andrés era el que conducía, era el único de los tres que tenía coche y a penas hacía unos años que tenía el carnet, y aunque habían estado bebiendo, él pensó que se encontraba bien para conducir. Juan iba de copiloto y Pablo en el asiento de atrás, él no había bebido, era el más tímido de los tres, y les dijo a sus amigos que se podrían ir en taxi, pero Andrés y Juan se echaron a reir, diciéndole que no tenía de qué preocuparse... Iban camino de casa, riéndo y recordando las hazañas de la noche cuando Andrés, distraído con la música, perdió el control del vehículo. 

Todo fue muy rápido, según me contaron después ellos mismos, no sabían muy bien qué había pasado. Sólo recordanban que el coche no paraba de dar vueltas, hasta que sintieron un fuerte golpe y todo quedó en silencio...Andrés abrió los ojos y vió a Juan, sangraba por una herida en la frente, pero estaba bien, le dijo que estaba bien y ambos se giraron aliviados a decirle a Pablo que estaban todos bien, que sólo había sido un susto...Pero Pablo no estaba en su asiento, había salido despedido del coche y yacía inmóvil en el suelo unos metros más allá. Los dos corrieron hacia él, mientras se acercaban sentían como el miedo les invadía, y allí estaba Pablo, inconsciente, tumbado boca abajo...

Llegó la ambulancia y les trajeron al hospital. Pablo presentaba un fuerte golpe en la cabeza y múltiples fracturas en las extremidades, además de un traumatismo torácico y abdominal. Cuandó llegó al hospital, tan sólo le quedaba un hilo de vida, pero a eso me aferré y comenzamos a instaurar todas las medidas diagnósticas y terapéuticas posibles para ayudarlo. En un momento, organicé un equipo de trabajo, con todos los especialistas necearios para la atención a un politraumatizado y nos pusimos a trabajar en equipo. Entre todos conseguimos estabilizarle mínimamente en urgencias y así se fué al quirófano, en un estado de extrema gravedad, pero con una pequeña esperanza a la que todo el equipo de guardia nos aferramos.

Ellos se fueron con el paciente,  y yo me quedé en urgencias, aún con la adrenalina por las nubes, y deseando que todo fuera bien. Minutos después llegaron los padres de Pablo. Esta es la parte que menos me gusta de mi trabajo, yo creo que por muchos años que lleves en esto, uno nunca se acostumbra a dar malas noticias, sobre todo cuando hablamos de pacientes tan jóvenes, pues aunque Pablo estaba ahora en el quirófano, su pronóstico era realmente grave. No olvidaré nunca la conversación que tuve con Juan y Andrés, la culpa y la desesperación tan grande que me transmitieron, y el deseo tan enorme que tenían de poder hacer que el reloj diera marcha atrás y haber tomado otra decisión antes de coger el coche.

Los nombres de esta historia que os cuento son ficticios, pero la historia es real, y supongo que muchos de mis compañeros habrán vivido historias muy parecidas, yo también, por eso quería contaros este caso, pues entre tantas historias que nos pasan, los Pablos se van quedando diluidos y creo que es importante recordárlos de vez en cuando, pues a mi personalmente, cada "Pablo", cada "andrés" y cada "Juan", me enseñan cada día lo importante de las decisiones que tomamos, lo afortunados que somos por estar donde estamos y me recuendan cada día, que hay que vivir cada momento intensamente, que hay que olvidarse de lo superfluo y centrarse en lo importante, que no es otra cosa que vivir.

Las campañas de la DGT han pasado por muchas etapas, desde el humor, los dibujos animados a las imágenes tan duras que todos recordamos de hace unos años, ójala sirvan para algo, ójala nos ayuden a acordarnos de algunos "Pablos" y seamos más pruedentes al volante...

lunes, 18 de octubre de 2010

Historias de una guardia: Me voy a dormir

 La mañana transcurre con normalidad, muchos pacientes, algunos más graves que otros, pero voy haciendo poco a poco y sin problemas. Llega la tarde y se complica un poco y después de cenar se llena la sala de espera. Un infarto, un señor que se ahoga, una convulsión...bueno, no pasa nada, voy haciendo...Y haciendo haciendo llegan las 2.00h, todos los pacientes controlados, orientados, estables y pendientes de ingreso, los residentes están bien, y no queda nada grave pendiente de visitar...vale, pues me voy a dormir un rato, dejo los pacientes a cargo de otro médico de urgencias y vuelvo en 3 horas....
Cojo mis cosas y relajándome voy camino de la habitación....y de repente oigo gritos detrás de mi, un chico que grita todo el repertorio de improperios que yo conozco, agitado y descontrolado....me giro y contemplo la situación, el residente me mira con cara de súplica, "no te vayas...", parecía decirme con la mirada....Vale no pasa nada, me quedo un rato y luego me voy...Me acerco al chico que grita, está muy nervioso, no para de insultarnos a todos, nos araña, nos quiere morder, nos escupe....ay no...!!! y yo que me iba tan tranquila....

- "A ver, ¿qué te pasa?" le preguntó con voz calmada y maternal, propia del cansancio acumulado...
- Hija de...., zor...., me escupe,....me quiere morder....

Bueeeeno, vaaaale....le acompaña su madre, le pregunto qué le pasa, ella no lo sabe, le ha avisado la policia porque el chico estaba gritando en la calle, estaba de "fiesta" con sus amigos...

Vale no pasa nada, respira hondo, hay que hacer que se calme, voy a cogerle una vía y ponerle medicación...pero no nos deja, más arañazos, más insultos....y no para de moverse e intentar pegarnos....No tiene más de 16 años...Finalmente conseguimos sujetarle y ponerle algo de medicación para ayudarle a calmarse...

Las 2.30h....sigue agitado, reconoce haber consumido drogas, muchas y variadas...Pero no se calma, la madre estupefacta, "mi hijo no es así...", sigue con su discurso con un tono de voz cada vez más alto....más medicación, y más...

Las 3.00h, parece que se calma...vale, pues ahora sí que me voy que sólo me quedan dos horas para dormir...

De nuevo camino de la cama, una enfermera: "Espera, no te vayas, ven corre", otro infarto, a la vez un accidente de tráfico, una hemorragia cerebral, una pelea y un chico que se enfada con el mundo y le golpea a un cristal y acude lleno de heridas....Uf, no puede ser, qué mala suerte...Estoy con todo esto, todo el mundo me llama, soy la responsable de la guardia, los residentes me necesitan, viene la UCI a por el infarto, necesitan información, tengo que acompañar al TAC al tráfico....y de nuevo oigo los gritos....el chico se ha despertado...

Las 5.00h, más medicación, está en la camilla con sujeción por su propia seguridad, haciendo intentos de soltarse con movimientos propios de alguien poseido, poseído por las drogas. Más medicación, parece que se calma, ya le he puesto mucha medicación para tranquilizarlo, voy a pasarlo a una sala de observación para vigilarlo ahora que está tranquilo. Error...nada más llegar se vuelve a despertar, grita con todas sus fuerzas, sigue con sus insultos, el ambiente se crispa, enfermería ya no puede más, los pacientes de alrededor se ponen nerviosos, yo no puedo más, ¿cómo puede ser que con toda la medicación que le he puesto siga así? esto hubiera tumbado a cualquiera....pero a él no....tengo que sacarlo de esta sala, el resto de pacientes no merecen esto y necesitan tranquilidad....De nuevo fuera, el chico insulta a la madre que pierde los nervios y le chilla aumentando aún más el nivel de ansiedad del paciente...."No Sra. Madre, no, por favor, necesito que le tranquilice, él no es consicente de lo que hace, son las drogas"...la madre no puede más, se va fuera...

Las 6.00h, ya está amaneciendo, ya no puedo más, ya se va calmando, al fin, pues, me voy? "Espera, espera, tengo un paciente que puede tener una meningitis..." Me dice un residente....Noooo, no puede ser verdad, pero sí, es verdad...Voy a verlo, está bien, pero tengo que hacerle una punción lumbar, mis otros compañeros tampoco han parado de trabajar, nadie se ha acostado.

Las 7.00h, al fin el chico duerme, ahora sólo queda esperar a que le pase el efecto de las drogas y de los fármacos sedantes que le he puesto.

Las 8.00h, ahora sí, llega el relevo de guardia, al fin, me duele todo, el chico duerme, al final "he podido con él", pero él también ha podido conmigo...me voy, me voy a casa y a escribir el post de hoy...

Me voy preguntándome el por qué de las drogas, pensando en la madre del chico, en su expresión de miedo, de incredulidad, de estar viendo a un extraño al ver a su hijo comportándose así, al darse cuenta de lo poco que "conoce" a su hijo y de sus hábitos cuando no está en casa...

Pienso en las drogas, y en las infinitas formas que hay para divertirse de una forma más sana sin tener que recurrir a la evasión de la realidad que supone el contacto con las drogas. Pienso en otros pacientes como él, que tras un consumo puntual como en su caso, han presentado un episodio de psicosis tóxica y han requerido tratamiento y control psiquiátrico durante largo tiempo. Pienso en lo frecuente que es ver cada fin de semana a adolescentes en urgencias por intoxicaciones etílicas y por otras drogas...cada vez más adolescentes, cada vez más niños...

Algo pasa si no somos capaces de encontrar otros modos mejores de divertirnos, ¿dónde quedan las relaciones interpersonales en un grupo de amigos que están bajo el efecto de las drogas? ¿qué es lo divertido? ¿perder el control sobre ti mismo? ¿que todo te asuste? ¿no confiar en nadie? ¿ni en tu propia madre? No lo entiendo...

Me quedan muchas cosas por entender, queda mucho por hacer...pero no será hoy, no será ahora, ahora al fin puedo decir sin miedo a que nadie me llame con urgencia que:

ME VOY A DORMIR....

viernes, 1 de octubre de 2010

Y tú, ¿Qué haces este fin de semana?

Hoy ya es viernes, entramos en el fin de semana, y una vez más, veremos como la presión asistencial en los servicios de urgencias aumenta considerablemente.

El hecho de que los fines de semana aumente la demanda está favorecido por múltiples factores, entre ellos el aumento del número de accidentes de tráfico, el hecho de que no haya consulta en atención primaria, los excesos propios de esos días (más bien noches), el abuso de alcohol y otras drogas, con las consiguientes peleas y demás vicisitudes...y como no, por el hecho de: "voy ahora al médico que tengo tiempo libre y entre semana trabajo..."

Independientemente de eso, la realidad en las urgencias los fines de semana es que el aumento del número de profesionales que estamos de guardia no es proporcional al aumento de la demanda asistencial, no sólo entre los médicos de urgencias, sino, especialmente entre los especialistas de guardia, que ven mermada su presencia física de forma considerable. 

Esto supone una sobrecarga de trabajo para el personal de urgencias que acaba afectando no sólo al funcionamiento de la guardia sino a su rendimiento y sobre todo a la calidad asistencial, porque ante un mayor número de pacientes, con menos personal, tenemos menos tiempo para atender a cada uno de ellos. 

Esto conlleva una mayor frustración, ya que esto de las urgencias es en la mayoría de los casos vocacional, y en ese sentido, la calidad que prestamos en nuestra asistencia sanitaria es uno de nuestros principales objetivos, al menos para mí. 

La verdad es que al final, acabas dando lo máximo para poder mantener dicha calidad, aunque eso suponga un esfuerzo físico y emocional a veces mayor de lo que se podría considerar saludable.

No obstante, soy consciente de que este tema tiene una doble vertiente, puesto que aunque es absolutamente necesario aumentar el número de profesionales de guardia los fines de semana, también es cierto que somos humanos, y dado que las autoridades competentes no aumentan la plantilla de médicos con contratos dignos, la única forma de ser más los fines de semana sería aumentar el número de guardias que hacemos cada uno de nosostros en esos días, lo cual supone un desagravio importante en la conciliación la vida laboral y familiar, porque prácticamente supondría tener guardia todos los fines de semana.