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lunes, 13 de diciembre de 2010

La decisión de Pablo

Era una guardia más de fin de semana, un sábado por la noche más de guardia en el hospital, y como siempre, atendiendo intoxiaciones etílicas, agresiones y otros menesteres propios de estos días. 

Las horas iban pasando, y yo me miraba el reloj pensando que ya me quedaba menos para acabar la jornada e irme a casa, cuando escuhé la sirena de una ambulancia que aparcaba en la puerta. En la camilla venía un chico de 20 años, Pablo, y detrás, venían corriendo otros dos chicos de la misma edad, con la cara desencajada, Andrés y Juan. 

Los tres habían salido de fiesta esa noche, eran amigos desde pequeños, lo habían pasado bien, pero ya era hora de volver a casa. Andrés era el que conducía, era el único de los tres que tenía coche y a penas hacía unos años que tenía el carnet, y aunque habían estado bebiendo, él pensó que se encontraba bien para conducir. Juan iba de copiloto y Pablo en el asiento de atrás, él no había bebido, era el más tímido de los tres, y les dijo a sus amigos que se podrían ir en taxi, pero Andrés y Juan se echaron a reir, diciéndole que no tenía de qué preocuparse... Iban camino de casa, riéndo y recordando las hazañas de la noche cuando Andrés, distraído con la música, perdió el control del vehículo. 

Todo fue muy rápido, según me contaron después ellos mismos, no sabían muy bien qué había pasado. Sólo recordanban que el coche no paraba de dar vueltas, hasta que sintieron un fuerte golpe y todo quedó en silencio...Andrés abrió los ojos y vió a Juan, sangraba por una herida en la frente, pero estaba bien, le dijo que estaba bien y ambos se giraron aliviados a decirle a Pablo que estaban todos bien, que sólo había sido un susto...Pero Pablo no estaba en su asiento, había salido despedido del coche y yacía inmóvil en el suelo unos metros más allá. Los dos corrieron hacia él, mientras se acercaban sentían como el miedo les invadía, y allí estaba Pablo, inconsciente, tumbado boca abajo...

Llegó la ambulancia y les trajeron al hospital. Pablo presentaba un fuerte golpe en la cabeza y múltiples fracturas en las extremidades, además de un traumatismo torácico y abdominal. Cuandó llegó al hospital, tan sólo le quedaba un hilo de vida, pero a eso me aferré y comenzamos a instaurar todas las medidas diagnósticas y terapéuticas posibles para ayudarlo. En un momento, organicé un equipo de trabajo, con todos los especialistas necearios para la atención a un politraumatizado y nos pusimos a trabajar en equipo. Entre todos conseguimos estabilizarle mínimamente en urgencias y así se fué al quirófano, en un estado de extrema gravedad, pero con una pequeña esperanza a la que todo el equipo de guardia nos aferramos.

Ellos se fueron con el paciente,  y yo me quedé en urgencias, aún con la adrenalina por las nubes, y deseando que todo fuera bien. Minutos después llegaron los padres de Pablo. Esta es la parte que menos me gusta de mi trabajo, yo creo que por muchos años que lleves en esto, uno nunca se acostumbra a dar malas noticias, sobre todo cuando hablamos de pacientes tan jóvenes, pues aunque Pablo estaba ahora en el quirófano, su pronóstico era realmente grave. No olvidaré nunca la conversación que tuve con Juan y Andrés, la culpa y la desesperación tan grande que me transmitieron, y el deseo tan enorme que tenían de poder hacer que el reloj diera marcha atrás y haber tomado otra decisión antes de coger el coche.

Los nombres de esta historia que os cuento son ficticios, pero la historia es real, y supongo que muchos de mis compañeros habrán vivido historias muy parecidas, yo también, por eso quería contaros este caso, pues entre tantas historias que nos pasan, los Pablos se van quedando diluidos y creo que es importante recordárlos de vez en cuando, pues a mi personalmente, cada "Pablo", cada "andrés" y cada "Juan", me enseñan cada día lo importante de las decisiones que tomamos, lo afortunados que somos por estar donde estamos y me recuendan cada día, que hay que vivir cada momento intensamente, que hay que olvidarse de lo superfluo y centrarse en lo importante, que no es otra cosa que vivir.

Las campañas de la DGT han pasado por muchas etapas, desde el humor, los dibujos animados a las imágenes tan duras que todos recordamos de hace unos años, ójala sirvan para algo, ójala nos ayuden a acordarnos de algunos "Pablos" y seamos más pruedentes al volante...

martes, 19 de octubre de 2010

Pacientes difíciles: las drogas

A propósito del post de ayer, que escribí al llegar a casa después de mi última guardia, estuve pensando en lo que supone para un médico de urgencias atender a pacientes que acuden con síntomas derivados del consumo de drogas.

Hablo del tipo de paciente que acude agitado, en contra de su voluntad, porque le han traido sus amigos o familiares, y que a conseciencia del consumo ha perdido el control de sus impulsos y deja libre todos sus instintos más primarios para expresar su disconformidad. Hablo de los pacientes que acuden gritando, insultando, intentando agredirte para que les dejes marchar....algo que no puedes hacer porque en situaciones así su conducta hace que su propia seguridad esté en juego. Habitualmente se trata de pacientes que han consumido drogas estimulantes, derivados anfetamínicos, alucinógenos, cocaína y demás...y muchas veces combinaciones de los mismos que acaban resultando explosivos.

Son pacientes incómodos, que te despiertan un sentimiento contradictorio. Por una parte, como médico, eres consciente de que de su conducta es consecuencia del consumo y tienes que tratarlos como lo que son, pacientes, pero por otra parte, su agresividad, sus continuos insultos y demás conductas agresivas acaban por hacerte perder los nervios y desear que se vayan cuanto antes....

Cuando tienes un paciente en urgencias de estas características piensas en el resto de pacientes que tienes en observación, y que necesitan un ambiente tranquilo para recuperarse, y te das cuenta de lo injusto que resulta para ellos tener que aguantar estas situaciones, pues en general, son pacientes que se hacen notar con creces, con su tono de voz y sus discursos fruto del efecto de la droga.

Son pacientes que acaban crispando el ambiente, dificultan mucho el trabajo, tanto del personal de enfermería, como auxiliares, celadores y médicos. Para evitar que se hagan daño hasta que consigues sedarlos, en algunas ocasiones debes emplear la sujeción física, lo que aumenta más su agitación y su descarga de ira contra ti, y esto empeora las cosas. No puedes razonar con ellos, están fuera de sí, no puedes pedirles que no griten, porque lo harán más, no puedes pedirles que se calmen, porque harán justo lo contrario...no puedes hacer nada más que sedarlos y velar por su seguirdad hasta que pase el efecto de las drogas.

Yo creo que la mayoría de los servicios de urgencias no están del todo preparados para atender a este tipo de pacientes, en general no se dispone de áreas adaptadas para estas situaciones, y no digo yo sea esta una prioridad, porque desde luego hay muchas cosas importantes que mejorar, pero quizás si que sería una buena idea establecer un circuito de actuación para minimizar el efecto que supone lidiar con este tipo de pacienten en áreas ocupadas por otros enfermos que pueden verse afectados por el estrés que se transmite al tratar a estos pacientes.


lunes, 18 de octubre de 2010

Historias de una guardia: Me voy a dormir

 La mañana transcurre con normalidad, muchos pacientes, algunos más graves que otros, pero voy haciendo poco a poco y sin problemas. Llega la tarde y se complica un poco y después de cenar se llena la sala de espera. Un infarto, un señor que se ahoga, una convulsión...bueno, no pasa nada, voy haciendo...Y haciendo haciendo llegan las 2.00h, todos los pacientes controlados, orientados, estables y pendientes de ingreso, los residentes están bien, y no queda nada grave pendiente de visitar...vale, pues me voy a dormir un rato, dejo los pacientes a cargo de otro médico de urgencias y vuelvo en 3 horas....
Cojo mis cosas y relajándome voy camino de la habitación....y de repente oigo gritos detrás de mi, un chico que grita todo el repertorio de improperios que yo conozco, agitado y descontrolado....me giro y contemplo la situación, el residente me mira con cara de súplica, "no te vayas...", parecía decirme con la mirada....Vale no pasa nada, me quedo un rato y luego me voy...Me acerco al chico que grita, está muy nervioso, no para de insultarnos a todos, nos araña, nos quiere morder, nos escupe....ay no...!!! y yo que me iba tan tranquila....

- "A ver, ¿qué te pasa?" le preguntó con voz calmada y maternal, propia del cansancio acumulado...
- Hija de...., zor...., me escupe,....me quiere morder....

Bueeeeno, vaaaale....le acompaña su madre, le pregunto qué le pasa, ella no lo sabe, le ha avisado la policia porque el chico estaba gritando en la calle, estaba de "fiesta" con sus amigos...

Vale no pasa nada, respira hondo, hay que hacer que se calme, voy a cogerle una vía y ponerle medicación...pero no nos deja, más arañazos, más insultos....y no para de moverse e intentar pegarnos....No tiene más de 16 años...Finalmente conseguimos sujetarle y ponerle algo de medicación para ayudarle a calmarse...

Las 2.30h....sigue agitado, reconoce haber consumido drogas, muchas y variadas...Pero no se calma, la madre estupefacta, "mi hijo no es así...", sigue con su discurso con un tono de voz cada vez más alto....más medicación, y más...

Las 3.00h, parece que se calma...vale, pues ahora sí que me voy que sólo me quedan dos horas para dormir...

De nuevo camino de la cama, una enfermera: "Espera, no te vayas, ven corre", otro infarto, a la vez un accidente de tráfico, una hemorragia cerebral, una pelea y un chico que se enfada con el mundo y le golpea a un cristal y acude lleno de heridas....Uf, no puede ser, qué mala suerte...Estoy con todo esto, todo el mundo me llama, soy la responsable de la guardia, los residentes me necesitan, viene la UCI a por el infarto, necesitan información, tengo que acompañar al TAC al tráfico....y de nuevo oigo los gritos....el chico se ha despertado...

Las 5.00h, más medicación, está en la camilla con sujeción por su propia seguridad, haciendo intentos de soltarse con movimientos propios de alguien poseido, poseído por las drogas. Más medicación, parece que se calma, ya le he puesto mucha medicación para tranquilizarlo, voy a pasarlo a una sala de observación para vigilarlo ahora que está tranquilo. Error...nada más llegar se vuelve a despertar, grita con todas sus fuerzas, sigue con sus insultos, el ambiente se crispa, enfermería ya no puede más, los pacientes de alrededor se ponen nerviosos, yo no puedo más, ¿cómo puede ser que con toda la medicación que le he puesto siga así? esto hubiera tumbado a cualquiera....pero a él no....tengo que sacarlo de esta sala, el resto de pacientes no merecen esto y necesitan tranquilidad....De nuevo fuera, el chico insulta a la madre que pierde los nervios y le chilla aumentando aún más el nivel de ansiedad del paciente...."No Sra. Madre, no, por favor, necesito que le tranquilice, él no es consicente de lo que hace, son las drogas"...la madre no puede más, se va fuera...

Las 6.00h, ya está amaneciendo, ya no puedo más, ya se va calmando, al fin, pues, me voy? "Espera, espera, tengo un paciente que puede tener una meningitis..." Me dice un residente....Noooo, no puede ser verdad, pero sí, es verdad...Voy a verlo, está bien, pero tengo que hacerle una punción lumbar, mis otros compañeros tampoco han parado de trabajar, nadie se ha acostado.

Las 7.00h, al fin el chico duerme, ahora sólo queda esperar a que le pase el efecto de las drogas y de los fármacos sedantes que le he puesto.

Las 8.00h, ahora sí, llega el relevo de guardia, al fin, me duele todo, el chico duerme, al final "he podido con él", pero él también ha podido conmigo...me voy, me voy a casa y a escribir el post de hoy...

Me voy preguntándome el por qué de las drogas, pensando en la madre del chico, en su expresión de miedo, de incredulidad, de estar viendo a un extraño al ver a su hijo comportándose así, al darse cuenta de lo poco que "conoce" a su hijo y de sus hábitos cuando no está en casa...

Pienso en las drogas, y en las infinitas formas que hay para divertirse de una forma más sana sin tener que recurrir a la evasión de la realidad que supone el contacto con las drogas. Pienso en otros pacientes como él, que tras un consumo puntual como en su caso, han presentado un episodio de psicosis tóxica y han requerido tratamiento y control psiquiátrico durante largo tiempo. Pienso en lo frecuente que es ver cada fin de semana a adolescentes en urgencias por intoxicaciones etílicas y por otras drogas...cada vez más adolescentes, cada vez más niños...

Algo pasa si no somos capaces de encontrar otros modos mejores de divertirnos, ¿dónde quedan las relaciones interpersonales en un grupo de amigos que están bajo el efecto de las drogas? ¿qué es lo divertido? ¿perder el control sobre ti mismo? ¿que todo te asuste? ¿no confiar en nadie? ¿ni en tu propia madre? No lo entiendo...

Me quedan muchas cosas por entender, queda mucho por hacer...pero no será hoy, no será ahora, ahora al fin puedo decir sin miedo a que nadie me llame con urgencia que:

ME VOY A DORMIR....