En los tiempos que corren, los avances tecnológicos han facilitado en muchas ocasiones la labor de los profesionales sanitarios. Entre otras cosas, el poder disponer de una historia clínica informatizada es, teóricamente un avance...
Y digo teóricamente porque aunque la idea inicial era buena, lo cierto es que queda mucho por hacer para mejorar los sistemas informáticos de los que disponemos actualmente y conseguir que nos sean realmente útiles, pues lamentablemente, aún nos siguen exigiendo procesos demasiado complejos a la hora de introducir y emitir información médica, lo que no hace más que entorpecer el trabajo, y más teniendo en cuenta el escaso tiempo del que disponemos para atender a cada paciente.
No obstante, pretendo ser optimista a este respecto y pensar que poco a poco las cosas irán mejorando y los sistemas informáticos nos ayudarán a conectar la información médica de atención primaria con la hospitalaria, que mejorará el sistema de recetas, la codificación de patologías...en definitiva que acabará resultando una ayuda en la consulta y no todo lo contrario....supongo que es cuestión de tiempo...
Independientemente de esto, algo que siempre me ha preocupado al respecto de disponer de una historia clinica informatizada es lo que supone en la relación médico-paciente.
Sé que es un tema que viene de lejos, pero es que aún cada día, podemos comprobar como en algunas ocasiones, el paciente acaba por tener la sensación de que el médico está examinando el ordenador en lugar de a él mismo. En los programas informáticos hay mucha información relativa a la historia de salud del paciente, y en servicios como los de urgencias, en que no conoces al paciente previamente, es muy útil poder disponer de ella, pero para que realmente resulte útil debes disponer de un acceso a la información ágil y clara, lo que no sucede habitualmente...
Y es que en muchas ocasiones te descubres a ti mismo hablando con el paciente sin mirarle a los ojos, sino mirando a la pantalla del ordenador e intentando introducir determinado diagnóstico sin conseguir encontrar el código o intentando acceder a su historial farmacoterapéutico.
Está claro que hay factores muy estudiados que ayudan a minimizar este efecto tan impersonal que conlleva la barrera informática, pero creo que aún nos queda mucho por hacer, y que no debemos olvidar que ante todo, el paciente necesita sentir la cercanía de su médico, sea su médico de atención primaria, su médico de urgencias o su especialista correspondiente.
El ordenador no debe suponer una barrera en esta relación sino una mejora en la atención sanitaria global, intentemos no convertir la relación médico-paciente en una relación de tres, donde el ordenador es la "carabina" que siempre está enmedio, intentemos recuperar y mantener la "magia" de la comunicación....




