miércoles, 29 de diciembre de 2010

Lucha contra la oscuridad

No es mi estilo hacer publicidad de una marca comercial, pero lo cierto es que este anuncio de televisión transmite una buena dosis de energía positiva cuando lo ves, y en cierto sentido, creo que el mensaje que transmite, podría aplicarse a muchas otras facetas de la vida, no sólo al deporte, sino a cualquier ámbito personal y profesional con el que nos enfrentamos en el día a día, y por eso, me apetecía compartirlo con vosotros, como un nuevo propósito para este año que estamos a punto de comenzar...

"Trabaja y esfuérzate, con humildad y con respeto, lucha contra la oscuridad, sé la luz que dicen que hemos perdido, brilla, ilumina a los que te rodean"

viernes, 24 de diciembre de 2010

Desde Urgencias: ¡Feliz Navidad!

Desde estos pasillos de urgencias os deseo a todos una FELIZ NAVIDAD, algunos lo celebraremos con esta otra familia que está trabajando en los Servicos de Urgencias en estas fechas tan especiales y aquí estaremos como siempre para atender a los que lo necesiten...ójala este año consigamos entre todos humanizar un poco más nuestro entorno...y sobre todo, aprendamos a valorar todo lo que nos rodea en nuestro día a día...no todos tienen la misma suerte...

martes, 21 de diciembre de 2010

Quiero vivir en la ignorancia


Consuelo es una paciente de 60 años. Hace 6 años le diagnosticaron un cáncer de colon. Según me contó cuando acudió a urgencias, el proceso diagnóstico, con las pruebas complementarias necesarias, muchas de ellas invasivas fueron demasiado para ella. Después llegó la cirugía, en dos tiempos. Tras la primera cirugía estuvo una temporada con una bolsa de colostomía, y cuando ya empezaba a recuperarse, entró de nuevo en el quirófano para que se la retiraran. Después de eso comenzaron las sesiones de quimioterapia, aguantó unas cuantas, pero llegó un momento en que decidió decir "basta" y abandonó el tratamiento y sus revisiones periódicas. Desde entonces había vivido "tranquila", ignorando lo que podría estar pasando en su cuerpo, negándose a sí misma la oportunidad de recibir ningún tratamiento, ya no quería más, y mira, ya habían pasado seis años desde entonces, y según ella, "aquí seguía," y por lo menos, sin sufrir.

Durante estos años Consuelo había estando evitando las continuas súplicas de su hija acerca de la necesidad de que acudiera a hacerse una revisión. Su hija, Ana, no podía entender por qué su madre había dejado de luchar, pues aún era muy jóven y tenía una larga vida por delante. Ana era hija única,  su padre murió cuando ella era pequeña, y su madre se había vuelto a casar con un hombre, que por su expresión, no le gustaba mucho. Siempre había estado muy unida a su madre, y acababa de tener un hijo, para ella era muy importante que su hijo puediera disfrutar de su abuela, y viceversa.

Cansada de tanta insistencia, Consuelo aceptó acudir a una revisión con su cirujano. Al verla se sorprendió, y aprovechando la consulta, solicitó un TAC toraco-abdominal para comprobar como andaba todo después de estos años sin tratamiento. 

El día que acudieron a urgencias venían de la consulta de su cirujano, con un volante donde recomendaba el ingreso hospitalario ante los hallazgos del TAC. En las imágenes se apreció una masa pulmonar con lesiones satélite, de aspecto claramente canceroso, probablemente metastásica, pero cabía la posibilidad de que fuera un nuevo cáncer, pues era fumadora desde hacía 30 años. 

Sin embargo, cuando entró en la consulta Consuelo se mostró confundida, me explicó que venía a decirme que ella no quería ingresar, que prefería dejarlo para dentro de unos meses. Pensé que Consuelo no era muy consciente de lo que habían visto en el TAC, e intenté insistir en la importancia de que se quedara ingresada para obtener un diagnóstico definitivo antes de plantearse las opciones terapéuticas. En vano intenté convencerla, bajo ningún concepto quería ingresar y mucho menos someterse de nuevo a pruebas complementarias invasivas, tenía auténtico terror sólo de pensar en la posibilidad de que le hicieran una broncoscopia, y lo peor de todo, es que pensaba, que si ingresaba, no se podría negar a que sus médicos le hicieran las pruebas que quisieran.

Le expliqué que ella podía elegir, que ella tenía que dar su consentimiento para ese tipo de pruebas, pero su miedo y su vivencia traumática previa no le permitían confiar en mis palabras. Consuelo quería irse, pero yo tenía la sensación de que no había recibido la información necesaria para poder decidir, puesto que parecía no saber cual era la sospecha diagnóstica, y que no era algo que podía esperar unos meses como ella quería. Finalmente me decidí, y simplemente le insinué, que sería conveniente saber que le pasaba exactamente para que ella pudira tomar una decisión fundamentada, puesto que había que descartar que aquello no fuera algo "malo". 
Inmediatamente Ana me preguntó si podía ser un cáncer, y Consuelo se me quedó mirando con ojos suplicantes, esperando una respuesta, en silencio, mirándome fijamente y esperando mi respuesta. 

Después de analizar la situación, contesté que esa era una posibilidad que había que descartar, esperando entonces que Consuelo supiera de qué estábamos hablando y pensando que si aún así decidía irse, al menos tendría la información necesaria para tomar esa decisión.

Pero su respuesta me dejó sin palabras:
 
- "Ya está, ya ha tenido que decirlo...yo sólo quiero vivir en la ignorancia y morirme cuando me llegue la hora, no quiero saber lo que me pasa, no quiero saber nada, ya he visto a mucha gente con cáncer y he visto cómo han muerto todos a pesar del tratamiento, ya he pasado por eso y no quiero volver a pasarlo, y si me quedan tres meses, pues prefiero no saberlo, intentaré disfrutar de ellos cada día con mi familia, en mi casa, y ya está, ¿tan difícil es de entender?"

- "Pues no Consuelo, no es nada difícil de entender, y está usted en todo su derecho y respeto su decisión, pero tenía que informarle de la situación para que usted pudiera decidir consecuentemente...Lo siento mucho"

martes, 14 de diciembre de 2010

Con responsabilidad, ganamos en Salud : ¿Todos?

Como no podía de ser de otra forma sentía la necesidad de escibir este post con relación a la nueva campaña del Ministerio de Sanidad y Política Social sobre el "Uso Adecuado de los Servicios Sanitarios", bajo el lema: "Con responsabilidad, ganamos en Salud". 

Ayer Vicente Baos, en su blog El Supositorio, hacía referencia a este tema en un post muy recomendable y como no, me hizo pensar en sus reflexiones.

La Campaña del MSC recuerda a la población la importancia de hacer un buen uso de los sistemas sanitarios, de forma que se intenta evitar el colapso contínuo que se vive en los servicios de urgencias hospitalarios, cada año más evidente en estos meses de invierno, llegando a ser insostenible en numerosas ocasiones, en que vemos tristes imágenes con pacientes por los pasillos y con demoras en la atención de varias horas por falta de espacio y personal. 

Evidentemente es este un gran problema, mayor de lo que muchos imaginan, y supone un gran estrés y frustración para los profesionales que trabajamos en estos servicios, además de un agravio evidente para los pacientes, para sus derechos y el respeto a su intimidad y dignidad como personas, pues a veces te ves obligado a atender a los pacientes en los pasillos, o dejarlos "aparcados" en cualquier parte, esperando que haya una cama libre, y eso señores, no es tolerable desde mi punto de vista...

Hay múltiples factores que influyen en que cada año se repita esta situación tan insostenible, y bajo mi humilde punto de vista, como una trabajadora más del sistema, habrían muchas otras soluciones posibles para intentar paliar esta situación, y esas soluciones pasan por dotar de recursos materiales y personales en los servicios de urgencias y pos supuesto en los centro de salud de atención primaria.

Lo que está claro es que no podemos pretender solucionar un problema creando otro mayor, todos somos conscientes de los problemas que presentan hoy en dia los médicos de familia en su día a día, motivados principalmente por la mala organización y planteamiento del sistema, por lo que exigirles que asuman todavía más carga de trabajo sin dotarles de los medios necesarios, me parece cuanto menos una burla a la labor que desempeñamos cada uno en el puesto que desempeña. 

No me mal interpretéis, egoístamente me parecería genial que las cosas se hicieran bien, que los pacientes utópicamente fueran a su médico cuando presentan patología que no requiere una atención hospitalaria, pero no siempre es el usuario el culpable, pues es muchas ocasiones la atención que necesitan por parte de su médico, y debido a la sobrecarga, no les puede ser prestada hasta dentro de dos o tres días, y no puedes culpar al paciente por acudir a urgencias si en su centro están tan colapsados que no pueden atenderle. 

Otra historia claro es cuando nos encontramos con pacientes abusadores por "derecho adquirido" según ellos mismos relatan. Esos pacientes que acuden a urgencias con el lema: "usted está aquí porque yo le pago y tengo derecho a que me atiendan hoy y rapidito"... pocos comentarios civilizados me surgen en este momento respecto a este comentario tan cansino que oímos cada día en urgencias, pues la mayoría de las veces se trata de pacientes que realmente no deberían haber llegado bajo ningún concepto a los servicios hospitalarios de urgencias, porque la patología que presentan no requiere tal urgencia, siendo, por supuesto, conocedores de ello...dígase un dolor de talón al caminar de una semana de evolución, una "manchita" en la piel que me apareció hace un mes, un dolor de hombro de semanas de evolución sin antecedente traumático y que quiero que me hagan una resonancia, etc, etc, etc.

Podría seguir infinítamente, pero no es el caso, en definitiva se trata de los pacientes que han adquirido como ley de vida el concepto de "lo quiero todo y lo quiero ya", creyéndose portadores de todos sus derechos pero sin ser conscientes de ninguna obligación. Casualmente además, son estos pacientes los que más se quejan y los que más líos arman en la sala de espera de los servicios de urgencias, y eso sí que de verdad me molesta, porque aunque una les explique que hay un orden de prioridad por gravedad, eso les da igual, totalmente, pues si ahy una persona esperando con infarto, qué más da! cómo eso no me está pasando a mi...!

En fin, es este un tema muy complejo del que podría estar hablando durante varios post, auque creo que con lo dicho se refleja bastante mi forma de ver esta situación. Me parece estupendo que se implementen campañas para concienciar a la población de la importancia del uso adecuado de los servicios sanitarios, pero digo yo, que quizás, si en lugar de invertir todos esos millones en la campaña, los invirtieran en adaptar los centros de salud y los servicios de urgencias hospitalarios con más personal e infraestructura, no sería necesario estar hablando cada año de este mismo problema, pues si es algo tan bien conocido por todos, cómo es que la única solución que se les ocurre a los responsables de esto es hacer unos carteles y unos anuncios de televisión...? Vayamos al grano señores, y dejémos de tapar huecos pasándole la pelota a los demás...

lunes, 13 de diciembre de 2010

La decisión de Pablo

Era una guardia más de fin de semana, un sábado por la noche más de guardia en el hospital, y como siempre, atendiendo intoxiaciones etílicas, agresiones y otros menesteres propios de estos días. 

Las horas iban pasando, y yo me miraba el reloj pensando que ya me quedaba menos para acabar la jornada e irme a casa, cuando escuhé la sirena de una ambulancia que aparcaba en la puerta. En la camilla venía un chico de 20 años, Pablo, y detrás, venían corriendo otros dos chicos de la misma edad, con la cara desencajada, Andrés y Juan. 

Los tres habían salido de fiesta esa noche, eran amigos desde pequeños, lo habían pasado bien, pero ya era hora de volver a casa. Andrés era el que conducía, era el único de los tres que tenía coche y a penas hacía unos años que tenía el carnet, y aunque habían estado bebiendo, él pensó que se encontraba bien para conducir. Juan iba de copiloto y Pablo en el asiento de atrás, él no había bebido, era el más tímido de los tres, y les dijo a sus amigos que se podrían ir en taxi, pero Andrés y Juan se echaron a reir, diciéndole que no tenía de qué preocuparse... Iban camino de casa, riéndo y recordando las hazañas de la noche cuando Andrés, distraído con la música, perdió el control del vehículo. 

Todo fue muy rápido, según me contaron después ellos mismos, no sabían muy bien qué había pasado. Sólo recordanban que el coche no paraba de dar vueltas, hasta que sintieron un fuerte golpe y todo quedó en silencio...Andrés abrió los ojos y vió a Juan, sangraba por una herida en la frente, pero estaba bien, le dijo que estaba bien y ambos se giraron aliviados a decirle a Pablo que estaban todos bien, que sólo había sido un susto...Pero Pablo no estaba en su asiento, había salido despedido del coche y yacía inmóvil en el suelo unos metros más allá. Los dos corrieron hacia él, mientras se acercaban sentían como el miedo les invadía, y allí estaba Pablo, inconsciente, tumbado boca abajo...

Llegó la ambulancia y les trajeron al hospital. Pablo presentaba un fuerte golpe en la cabeza y múltiples fracturas en las extremidades, además de un traumatismo torácico y abdominal. Cuandó llegó al hospital, tan sólo le quedaba un hilo de vida, pero a eso me aferré y comenzamos a instaurar todas las medidas diagnósticas y terapéuticas posibles para ayudarlo. En un momento, organicé un equipo de trabajo, con todos los especialistas necearios para la atención a un politraumatizado y nos pusimos a trabajar en equipo. Entre todos conseguimos estabilizarle mínimamente en urgencias y así se fué al quirófano, en un estado de extrema gravedad, pero con una pequeña esperanza a la que todo el equipo de guardia nos aferramos.

Ellos se fueron con el paciente,  y yo me quedé en urgencias, aún con la adrenalina por las nubes, y deseando que todo fuera bien. Minutos después llegaron los padres de Pablo. Esta es la parte que menos me gusta de mi trabajo, yo creo que por muchos años que lleves en esto, uno nunca se acostumbra a dar malas noticias, sobre todo cuando hablamos de pacientes tan jóvenes, pues aunque Pablo estaba ahora en el quirófano, su pronóstico era realmente grave. No olvidaré nunca la conversación que tuve con Juan y Andrés, la culpa y la desesperación tan grande que me transmitieron, y el deseo tan enorme que tenían de poder hacer que el reloj diera marcha atrás y haber tomado otra decisión antes de coger el coche.

Los nombres de esta historia que os cuento son ficticios, pero la historia es real, y supongo que muchos de mis compañeros habrán vivido historias muy parecidas, yo también, por eso quería contaros este caso, pues entre tantas historias que nos pasan, los Pablos se van quedando diluidos y creo que es importante recordárlos de vez en cuando, pues a mi personalmente, cada "Pablo", cada "andrés" y cada "Juan", me enseñan cada día lo importante de las decisiones que tomamos, lo afortunados que somos por estar donde estamos y me recuendan cada día, que hay que vivir cada momento intensamente, que hay que olvidarse de lo superfluo y centrarse en lo importante, que no es otra cosa que vivir.

Las campañas de la DGT han pasado por muchas etapas, desde el humor, los dibujos animados a las imágenes tan duras que todos recordamos de hace unos años, ójala sirvan para algo, ójala nos ayuden a acordarnos de algunos "Pablos" y seamos más pruedentes al volante...

sábado, 11 de diciembre de 2010

Propósitos

Ahí va mi nuevo y más importante propósito para el 2011: "DEJAR DE FUMAR", por que sí, auque me avergüence reconocerlo así, soy fumadora.

Ayer durante la guardia vi de nuevo a un paciente de 45 años al que diagnostiqué un cáncer de pulmón en estadio muy avanzado. Ya llevo meses con esta idea en la cabeza, últimamente estoy viendo a muchos pacientes jóvenes con tumores muy agresivos y en la mayoría de ocasiones relacionados con la adicción al tabaco, y digamos que ayer fue el día en que dije, "hasta aquí hemos llegado".

Nunca me he sentido orgullosa de ser fumadora, siempre he sabido los riesgos y consecuencias de esta adicción, y el hecho de ser médico te hace enfrentarte muy de cerca a las posibles consecuencias del tabaquismo, pero digamos, que como buena adicta, una siempre acaba haciendo una negación y pensando que eso no le va a a pasar a uno nunca, pero al fin, después de unos cuantos años, algo en mi cabeza ha cambiado y, al fin, he sentido esa motivación que llevaba tiempo buscando para decir "basta".

Así que, como parte de mi compromiso para este propósito en el 2011, quería escribir este post, y en sucesivos espero poder contaros que lo he conseguido, y con eso, además de preocuparme por la salud de mis pacientes, preocuparme por la mía propia y por la de los que me rodean, y por fin, sentirme consecuente, cuando como médico, recomiendo a mis pacientes que dejen de fumar: "Voy a intentar predicar con el ejempo"

Empieza la cuenta atrás...



viernes, 3 de diciembre de 2010

El síndrome del Angel

Acudió a urgencias una paciente de 17 años diagnosticada de un Síndrome de Angelman

Para los que no lo conozcan se trata de una enfermedad genética, que aparece en la infancia y que se caracteriza, en términos generales,  por un retraso del desarrollo, con problemas motores, dificultad para andar, hablar y comunicarse. 

Una de las características de estos pacientes es que presentan un aparente estado constante de alegría,  con risas y sonrisas contínuas. Esto hace que respondan con una sonrisa ante cualquier estímulo o contacto con otra persona, y su interacción con nosotros me hizo darme cuenta de lo importante que es para las personas las emociones que nos transmitimos unos a otros y la importancia del lenguaje no verbal.

Cuando la paciente acudió a urgencias no se encontraba bien, llevaba tiempo con fiebre y presentaba convulsiones contínuamente...aún así, no paró de sonreir en ningún momento...a pesar de sus dificultades, transmitía unas ganas de vivir y una felicidad envidiables.

Me resulto muy tierno ver la relación que mantenían sus padres con ella, el cariño con el que la trataban, los cuidados que le prodigaban y lo que les reconfortaba su sonrisa...para su familia, ella era su "Ángel".

A todos los que estábamos de guardia nos alegró el día, y nos hizo despertar otra sonrisa al  relacionarnos con ella, me resultó muy fácil tratarla y me encantó poder ayudarla a sentirse mejor...

Por eso, y por muchas otras cosas, sentía la necesidad de dedicarle este post, a ella y a su familia...

Hoy os dejo la canción de la BSO de la película "LaVida es Bella", interpretada por Miguel Bosé y Noa, preciosa canción....

jueves, 2 de diciembre de 2010

Historias de una guardia: Despertares

Ayer vi en urgencias un paciente de tan sólo 47 años con una enfermedad de Pakinson en estadio muy avanzado. 

El paciente fue diagnosticado hace 7 años y desde entonces la enfermedad había progresado muy rápidamente. En la actualidad presentaba una escasa respuesta al tratamiento, con aparación de múltiples efectos secundarios y resistencia cada vez mayor al tratamiento, por lo que se encontraba en fase de tratamiento paliativo. 

No puedo explicaros la desesperación que me transmitieron sus ojos...acudió a urgencias por encontrarse en uno de los períodos llamados "off" en el curso de la enfermedad,  asociado al Fenómeno "On-Off" y que puede aparecer en algunos pacientes tratados con levodopa, que experimentan una regresión en la mejoría inicial obtenida y que consisten en fluctuaciones del estado del enfermo durante el día, de una duración variable e impredecible, que oscila entre ratos sin síntomas (fases "on" o fases de conexión a la levodopa) y otros en que reaparecen el temblor, la dificultad para caminar y la lentitud (fases "off" o fases de desconexión a la levodopa). 

En el caso de mi paciente estos fenómenos "off" eran cada vez más frecuentes, y se encontraba desesperado por no poder controlar sus síntomas. Cuando menos se lo esperaba pasaba de estar con sus síntomas controlados a encontrarse totalmente inmovilizado. Cuando llegó a urgencias se encontraba rígido, sin movimiento, caminando con ayuda a pasos pequeños y cortos, y con la típica fascies parkinsoniana, aparentemente inexpresivo, aunque sólo eso, aparentemente...

Tras la valoración inicial, consulté con el neurólogo de guardia que acudió a urgencias a visitar al paciente. Cuando acabó su valoración me habló de un tratamiento que se aplica en estos casos y que sirve justamente para paliar los efectos de los fenómenos "off".  No es un tratamiento habitual, pero es una posibilidad en estos casos, así que me dediqué a intentar conseguir este fármaco en el hospital y que me lo trajeran a urgencias. Finalmente lo conseguí, y tal y como había indicado el neurólogo le administré una dosis del nuevo fármaco a mi paciente con la esperanza de poder ayudarlo aunque fuera mínimamente....

Lo que desde luego no esperaba era una respuesta tan rápida y tan espectacular...!!! No puedo describiros lo que sentí cuando poco después el paciente comenzó a mejorar, recuperando la movilidad y la expresividad, siendo capaz de levantarse, hablar y expresarse como cualquier persona...Para mi, a mi manera, fue como un "Despertar" y la expresión de alivio en su cara será algo que estoy segura que nunca olvidaré...cosas así me recuerdan cada día por qué me hice médico...

Os dejo un fragmento de la película "Despertares", de 1990, protagonizada por Robert De Niro y Robin Williams, y que está basada en la autobiografía del neurólogo Oliver Sacks, que en 1969 descubre los efectos beneficiosos de la L-dopa en pacientes con la llamada en aquel entonces "enefalitis letárgica":

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cuestión de prioridades


Mucho se ha hablado esta semana de dinero, de revoluciones y otros menesteres,  y pensando en dinero y en la forma de administrarlo me acordé de un tema sobre el que llevaba tiempo dando vueltas...

Una vez más llega el invierno y de nuevo las urgencias comienzan a saturarse. Esta semana leía un post en el blog Mondo Médico donde @Sophie nos daba su punto de vista de "por qué hay que esperar tanto cuando vas a urgencias". Yo personalmente creo que, además de todo lo comentado en el citado post de forma tan acertada, hay que tener en cuenta también la escasa infraestructura con la que contamos en la mayoría de los servicios de urgencias.

No sé cómo será en el resto de hospitales, pero en el mío, el Servicio sigue igual que hace 30 años, a pesar de que la población no para de crecer...Esto en definitiva significa que a pesar que la demanada asistencial se ha elevado exponencialemente con el paso de los años, seguimos disponiendo del mismo número de boxes para atender a los pacientes, del mismo número de camas de observación, etc., etc....y por supuesto, en las guardias típicas de invierno, es absolutamente frustrante encontrarte con todo colapsado y con la sala de espera llena de pacientes, sin poder visitarlos por no tener espacio físico donde hacer tu trabajo....

En repetidas ocasiones se ha dado cuenta de esta situación a los estamentos oportunos, obteniendo siempre la misma respuesta: "Es un mal momento, ahora no hay dinero, etc., etc...", en repetidas ocasiones se nos piden ideas y proyectos para mejorar el servicio, pero todo acaba quedando siempre en nada...y una entiende que el tema económico está en estos tiempos muy delicado, pero si ese es el verdadero motivo, por qué entonces se invierten millones en comprar determinadas tecnologías y aparatejes para determinados especialistas? o en hacer un super quirófano tecnológico? o tantas otras cosas que podría enumerar.....

Por supuesto no digo yo que estas cosas no sean necesarias y supongan un beneficio para el paciente, de eso no hay duda, pero después de tantos años una acaba pensando que quizás sea más rentable invertir en este tipo de cosas que venden más, políticamente hablando,  que salen en los periódicos y que se suponen dan prestigio a los hospitales, por ser los primeros de Europa en tener tal aparato o tal otro...

En fin, que está claro que todo es importante, pero en las trincheras siempre acabas teniendo la sensación de que importa todo menos urgencias...que a pesar de que en el hospital haya un super quirófano super docente y tecnológico, nosotros seguimos cosiendo heridas con kits que no contienen ni tijeras para cortar el hilo, ni un simple mango de bisturí...donde pedir un pequeño aparato para medir gases e iones en situaciones de urgencia vital se sale del presupuesto asignado, por no hablar ya de los aparatos necesarios para la ventilación mecánica no invasiva....en fin...que es una pena, porque si en el fondo lo que preocupa es la imagen que se da a la población, no se deberían olvidar los administradores que los Servicios de Urgencias son la puerta de entrada a los hospitales, la cara con que el hospital se presenta a sus usuarios, y es muy triste comprobar año tras año, que siguen habiendo otras prioridades...

Tengo que decir claro, que esta es la opinión de una persona totalmente lega en el tema de la gestión económica, y que principalmente se preocupa por desarrollar su labor profesional de la forma que más beneficie a sus pacientes, y este es el motivo del post, pues desde el desconocimiento técnico una acaba por sacar este tipo de conclusiones, y creo que hablar de ello y compartir reflexiones puede ser una buena manera de entender otros puntos de vista...al menos, una forma más constructiva que la crítica gratuita que se ha venido llevando a cabo esta última semana...

jueves, 25 de noviembre de 2010

¿Qué aporta Miguel Ángel Máñez al sistema sanitario?

Yo no tengo el placer de conocerlo, pero aún así, me sumo al homenaje!

Muchos de los que conocen a Miguel Ángel Mañez pueden decir sin rubor que se ha convertido en una referencia profesional y personal. Como economista, desempeña actualmente un cargo directivo como Subdirector económico y de RRHH en el Hospital Universitario Sant Joan – Agencia Valenciana de Salud, que compagina con una febril actividad paralela en el mundo de las redes sociales.

Pese a no ser sanitario asistencial y pertenecer al nivel de mesogestión, hay muchas cosas que Miguel Ángel aporta a los médicos de a pie. Esto en principio es muy extraño en el medio sanitario en el que los directivos no suelen servir de inspiración a sus subordinados. No hablaré de su capacidad de trabajo, profesionalidad y habilidades comunicativas, que son muchas. Traigo a colación su labor en la gestión de redes sociales profesionales y su aporte para el cambio de mentalidad profesional, tan necesario en nuestro ámbito.

La creación de redes está siendo uno de los mayores retos que nuestro sistema sanitario, al igual que la sociedad, está acometiendo. En un mundo globalizado se hace cada vez más complejo trabajar solo, aislado. En una disciplina científica y humanista como la medicina es ahora completamente imposible. Pero este hecho no es valorado así por muchos profesionales que siguen remando en solitario. Las redes sociales profesionales no son más que grupos de personas que se comunican y comparten entre ellas, sin necesidad de que exista una proximidad física, curricular o cualquier otra. Las herramientas electrónicas a nuestra disposición nos lo permiten. Esto implica un cambio de mentalidad profesional. Y es aquí donde Miguel Ángel nos está ayudando a todos con su incansable actividad y su función de nodo de red, de facilitador.

Es un nuevo estilo de liderazgo que no se basa en el poder, el conocimiento ni en las recomendaciones. Se basa en la comunicación y en el compartir. A mayor comunicación, a mayor apertura, a mayor capacidad participativa, mejor situación ocupa uno en la red virtual, más conexiones puede formar. Internet está desmontando las estructuras piramidales y facilitando otras horizontales, donde el poder se reparte de otras formas y el liderazgo también. Permite la emergencia de líderes naturales y esto nos va a ayudar sobremanera, dejando en dique seco el modelo de dirección tradicional.

Todos formamos parte de alguna red, los profesionales sanitarios de nuestra red virtual sanitaria. Lo habitual es tener unas pocas conexiones con nuestro equipo de trabajo próximo, algunos amigos o colegas o conocidos y poco más. Desde hace poco tenemos posibilidad de establecer conexiones con profesionales más o menos lejanos pero que comparten con nosotros un interés o alguna inquietud. Estamos llamados a participar.

Siempre podremos elegir entre permanecer en el margen, con pocas conexiones, o tirarnos a la piscina y arriesgarnos a trazar redes complejas que nos acerquen a otros mundos, otras ideas, otros retos. Ante nosotros se abre un salto evolutivo. Los que den el paso abrirán sus mentes a algo nuevo, crecerán, evolucionarán… cambiarán.
Los que no lo hagan seguirán trabajando como siempre. Inercia. Obsolescencia. El mundo va muy rápido, definitivamente quedarán atrás.

Estoy de acuerdo con Miguel Ángel en la necesidad de salir de nuestras consultas y despachos, de abandonar nuestras zonas de confort para explorar nuevos espacios y formas de trabajar mejor, de cuidar mejor a nuestros pacientes, de ejercer nuestra profesión de forma más satisfactoria y, permítanme, más divertida. Al fin y al cabo los pacientes prefieren médicos felices y relajados antes que amargados o estresados.

Por todo esto, veía necesario compartir esta reflexión y agradecer a Miguel Ángel todo el esfuerzo que está haciendo, del que definitivamente nos beneficiamos todos, los profesionales sanitarios en primer lugar y los pacientes en segundo. Cuando uno se asoma a nuevos retos y ve lo poco que puede aportar y todo lo que aportan los demás, no queda más remedio que dar las gracias continuamente, quizá también este cambio de mentalidad nos haga más humildes y agradecidos.


Blog de Miguel Angel Mañez: Salud con cosas

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El dolor ajeno

Ya sé que esta campaña lleva unas semanas en internet, y que ha sido motivo de varios post en la blogosfera sanitaria, no pretendo ser original, pero no podía resistirme a colgar este excelente vídeo de Luis García Berlanga:

martes, 23 de noviembre de 2010

Enemigo al acecho

Últimamente no actualizo el blog con la frecuencia que me gustaría. Cuando comencé a escribir, hace tan sólo dos meses, estaba disfrutando de unas estupendas vacaciones, y tenía tiempo para escribir un post al día. Pero desde que me reincorporé de nuevo a la rutina diaria, con estos horarios tan anárquicos que llevamos los urgenciológos, me resulta cada vez más difícil encontrar el momento para aislarme un rato y disfrutar de este mundo del blog y las redes sociales. 

Tengo muchas ideas y temas para futuros post, pero digamos que me faltan horas al día para escribirlos, sinceramente admiro enormemente a todos los blogueros que son capaces de mantener el compromiso de publicar un post al día, me parece algo extraordinario.  

A pesar de todo esto, sigo con muchas ganas de escribir y compartir con vosotros mis inquietudes, así que, aunque sea con menor frecuencia, aquí seguiré siempre que pueda para charlar un rato...

Hoy sin ir más lejos, saliendo de guardia y aún sin dormir, siento la necesidad de escribir este post, y seguro que me acabará saliendo uno de esos post largos, de esos que cuestan de leer, pero es mucho lo que quiero contaros hoy....

Se acercó por los pasillos de urgencias un compañero y amigo, de poco más de 40 años de edad, gran profesional y mejor persona, tal y como ha demostrado cada día con sus pacientes...Hacía días que no le veía porque había estado de viaje, y me alegré al verle aparecer por urgencias, sin embargo no venía con buena cara.

En lugar de venir a contarme su viaje, venía a hacerme una consulta médica, la típica consulta de pasillo que nos hacemos los médicos unos a otros, pues al estar acostumbrados a estar en el otro lado, a veces nos cuesta actuar como pacientes. Me contó que desde hacía unos meses no se encontraba bien, me explicó sus síntomas restándoles importancia, aunque su cara traducía preocupación, la misma preocupación que yo sentí, cuando, tras pasarlo ya a una consulta normal, le exploré y me temí lo que no quería encontrar...

Efectivamente no fué difícil llegar al diagnóstico, se trataba de un cáncer en estadio avanzado. Con unas sencillas pruebas complementarias ya pude intuir el mal pronóstico que presentaba mi paciente, mi compañero, mi amigo...Como era de esperar, me pidió que le diera todos los detalles de los hallazgos de las pruebas complementarias, aunque a medida que le informaba él asentía con la cabeza como aquel que escucha lo que ya sabía, lo que estaba esperando oir antes o después...

Reaccionó sosegadamente, me explicó que ya se imaginaba algo así, que los síntomas habían comenzado antes de su último viaje, pero que había preferido disfrutar esos días antes de consultar, porque sabía que tendría tiempo para enfrentarse a esto, pero que no tendría mucho más tiempo para viajar, para disfrutar, para vivir...

Guardé la compostura todo lo que pude, conversando con él acerca de la vida y de la relatividad de las cosas, y haciéndome la valiente, tal y como estaba siendo él en ese momento...Finalmente le ingresé, para que pudieran completar el estudio necesario y comenzar el tratamiento oportuno. Él se fué a la planta, acompañado y arropado por su familia, con una expresión de serenidad que no me quito de la cabeza....y yo...yo me quedé ahí abajo, como siempre, intentando concentrarme y seguir con la guardia, pues aún me quedaban unas cuantas horas por delante...

De todo lo que hablé con él me quedo con unas ideas importantes; a veces pasamos mucho tiempo preocupados por cosas sin importancia, a veces vivimos tan deprisa que ni nos damos cuenta, a veces nos enfadamos por cosas absurdas, nos perdemos los detalles del día a día,  dejamos pasar oportunidades sin pensarlo y ni tenemos tiempo de arrepentirnos, a veces nos olvidamos de la suerte que tenemos por estar aquí y por la oportunidad que nos han dado de vivir nuestra vida,  de disfrutar de la gente y del entorno que nos rodea, a veces tu brújula se desorienta y pierdes el rumbo y dejas de ver lo importante, que no es otra cosa que disfrutar cada día de cada momento, porque cuando sientes que esos momentos llegan a su fin, es cuando sientes esa nostalgia y te das cuenta de estas cosas, te sientes tonto por haber desaprovechado tu tiempo preocupándote por una cosa o por otra, y te das cuenta de que todo en la vida es muy relativo, de que a cada cosa hay que darle la importancia que se merece...

A veces...a veces es uno mismo el protagonista de sus propias historias...

viernes, 19 de noviembre de 2010

El chequeo dorado

El otro día acudió a urgencias un paciente por notar una sensación referida como un calambre de unos segundos de duración en la zona del pecho, que desapareció espontáneamente sin otros síntomas acompañantes y sin episodios posteriores similares. 

Acudió preocupado ante posibilidad de haber tenido un infarto. 

En la anamnesis el paciente ya mostraba una tendencia excesiva a preocuparse por síntomas inespecíficos y relacionarlos con enfermedades graves, en resumen, y por no extenderme, podríamos decir que el paciente sufría una hipocondría.

Mientras le preguntaba por sus antecedentes personales, el paciente me sacó de un maletín un dossier de unos 100 folios aproximadamente y lo puso encima de la mesa. Me contó que hace un año se había hecho un chequeo completo en una clínica privada. Estaba completamente asintomático, pero como nunca había tenido ninguna enfermedad, quería estar seguro de que eso seguía así a pesar de encontrarse bien.

Sorprendida ante el tamaño del dossier, comencé a echarle un vistazo. Me encontré con una minuciosa historia clínica y exploración por aparatos, hasta ahí todo me pareció normal. Pero llegamos al apartado de exploraciones complementarias....aquí fué donde me quedé con la boca abierta...

A un paciente totalmente asintomático y sin ningún antecedente patológico en su historia de salud que acudó a una clínica privada solicitando una revisión médica le habían realizado, entre muchas otras cosas: un TAC craneal, torácico y abdominal, una prueba de esfuerzo, un ecocardiograma, una coronariografía no invasiva mediante un moderno TAC multidetector, una colonoscopia virtual, una polisomnografía, una ecografía abdominal, una ortopantomografía, serologías de enfermedades tropicales, pruebas hormonales, coprocultivos, cultivos de orina y hemocultivos, marcadores tumorales, audiometría, test psicométricos y neuropsicológicos, radiografías múltiples, un test de sensibilidad alimentaria, una ecografía-doppler vascular, una densitometría ....y seguro que algo más que me dejo....

Ni que decir tiene que absolutamente todos los resultados eran normales, bueno, excepto una caries dental...A pesar de eso, en las recomendaciones finales había múltiples recomendaciones de asistir a todos los especialistas posibles, por hallazgos insignificantes en la analítica y sin ningún significado patológico, todo ello coordinado por supuesto por su médico de atención primaria...

En definitiva, un paciente sano, se había convertido en un auténtico enfermo carne del bucle del sistema sanitario, y por qué? Pues porque acudió a una clínica privada a realizarse un chequeo médico por su excesiva preocupación por su salud...

Yo no digo que todas las clínicas privadas actúen igual, por supuesto habrá muy buenos profesionales, pero en este caso creo que se cometió un auténtico abuso con este paciente.

No puedo más que deciros que este estupendo chequeo costó más de 8.000 €, y para poder pagarlo el paciente tuvo que pedir un préstamo al banco...Está claro que cada uno puede hacer con su dinero lo que le venga en gana, pero vamos a ver, somos médicos por dios! da igual donde trabajemos, en la pública o en la privada, y no hacía falta haber estudiado mucho para darse cuenta con una anamnesis más cotidiana que este paciente padece una patología contemplada en el DSM-IV y en el CIE-10 llamada HIPOCONDRÍA y cuyos criterios diagnósticos no son difíciles de reconocer, y ante el reconocimento de una patología, como médicos, independientemente de nuestro lugar de trabajo, debemos orientar al paciente y tratar sus necesidades, no fomentar sus miedos y aprovechar la situación para embolsarnos una sustanciosa comisión !!! 

Sinceramente, yo no me considero mejor ni peor profesional que el resto de mis compañeros, pero si algo tengo claro, es que nunca, nunca haría algo así...

Criterios para el diagnóstico de F45.2 Hipocondría (300.7)

A. Preocupación y miedo a tener, o la convicción de padecer, una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas somáticos.

B. La preocupación persiste a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas apropiadas.

C. La creencia expuesta en el criterio A no es de tipo delirante (a diferencia del trastorno delirante de tipo somático) y no se limita a preocupaciones sobre el aspecto físico (a diferencia del trastorno dismórfico corporal).

D. La preocupación provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

E. La duración del trastorno es de al menos 6 meses.

F. La preocupación no se explica mejor por la presencia de trastorno de ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de angustia, episodio depresivo mayor, ansiedad por separación u otro trastorno somatomorfo.

Especificar si:

Con poca conciencia de enfermedad: si durante la mayor parte del episodio el individuo no se da cuenta de que la preocupación por padecer una enfermedad grave es excesiva o injustificada.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Manifiesto Abla 2010


Del ideario colectivo surge este manifiesto.

"Los integrantes de este grupo estamos convencidos de que es necesario avanzar hacia un nuevo modelo sociosanitario más sostenible, participativo y democrático, en el que las relaciones entre la ciudadanía, los profesionales y las organizaciones sean necesaria y oportunamente rediseñadas para lograr una sanidad más accesible y cercana."


Así comienza el texto de este manifiesto escrito por un grupo de profesionales que apuestan por el cambio y la mejora en las relaciones en la sanidad publica y proponen el uso de las redes sociales y la web 2.0 como herramienta para el cambio.
 
Y como me parece una idea muy acertada, y necesaria, desde aquí todo mi apoyo a este Manifiesto coletivo.
 
- Para visitar la web e informarte con más detalle puedes visitar el siguiente enlace:

Manifiesto Abla 2010
 
- También puedes formar parte del fanpage de Facebook:
 

viernes, 12 de noviembre de 2010

Llámame por mi nombre


Hace unos días en un turno normal de trabajo llamé a través del altavoz de la sala de espera a una paciente de 25 años, llamada Silvia. 

Unos minutos después entró un chico al pasillo, y me dijo:

-"Me han llamado"
-"No no, todavía no te he llamado, he llamado a Silvia, por favor espera en la sala de espera"
- "Yo soy Silvia..."
- "Ah, vale, pues pasa, pasa..."

En fin, no puedo negaros que en un primer momento me sorprendí, sencillamente porque no lo esperaba,  pero no por nada más. Venía acompañado de su hermana, que en repetidas ocasiones le llamó Carlos. 

Llevé a cabo la consulta y exploración  y le remití para que se realizara una radiografía, quedando de nuevo en la sala de espera hasta que le volviera a llamar para darle el resultado de las pruebas.

Cuando tuve que volver a llamarle por el altavoz, me pareció absurdo volver a llamar a Silvia, pues estaba claro que auque en su DNI no lo pusiera, él se sentía un hombre y actuaba como tal, así que simplemente llamé a Carlos para que pasara de nuevo al pasillo a recoger sus resultados. 

En realidad no fui consciente de que esto podía ser tan importante para el paciente hasta que ví su cara al entrar y me dió un abrazo agradecido. Carlos se había emocionado al oir su nombre por el altavoz y no el de la extraña que él sentía dentro, según me contaba, no era algo que le pasara habitualmente.

Para mi fue un acto de lo más natural, pero me alegré mucho de haberle transmitido el respeto que considero que merecía, exactamente el mismo que cualquier otro paciente, independientemente de su género, raza o condición social. 

Me hizo pensar, pensar y darme cuenta de que Carlos no lo había tenido fácil, de lo duro que es no aceptarse a uno mismo y no sentirte aceptado por los que te rodean...y me hizo ser consciente de que en situaciones así, un pequeño gesto puede significar mucho...es importante no olvidarnos de estas cosas...

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Las dos caras de la moneda

 Ayer acudió a urgencias un paciente víctima de un atropello. 

Se trataba de un paciente de 45 años, padre de dos niñas, que había salido a correr por mañana antes de ir al trabajo, como cada día.  Iba tranquilo, escuchando su música y repasando lo que le deparaba el día. Era temprano, aún no había amanecido, y había poco tráfico. 

Distraído en sus pensamientos cruzó la vía por un paso de peatones, sin darse cuenta de que un coche se acercaba a toda velocidad....Todo fué muy rápido, salió despedido y fue a dar con la cabeza en un bordillo, sin llegar a darse ni cuenta...

Para mí acababa de empezar el día, empezaba mi jornada en urgencias con normalidad cuando llegó el paciente a urgencias. Presentaba un traumatismo craneal muy importante y estaba en coma, los primeros signos en la exploración indicaban el mal pronóstico. Rápidamente iniciamos las maniobras de reanimación necesarias y completamos la valoración con las pruebas complentarias necesarias...y confirmamos la sospecha inicial...el paciente estaba en muerte cerebral...

En estos casos como médico sientes una gran impotencia por no poder hacer más para salvar la vida de tu paciente, aunque a la vez eres consicente de que aunque esta puerta se cierra para tu paciente, otras puertas se están abriendo para muchos otros pacientes, que están gastando sus últimos cartuchos anotados en la lista de espera como receptores de órganos. Son las dos caras de la moneda, el fin de una vida, y el comienzo de otras...

Y llega el momento de hablar con la familia. Momento especialmente duro en el trabajo de un médico de urgencias. Por muchos cursos que hagas y por mucha formación que recibas para aprender a manejar este tipo de situaciones, nunca te parece suficiente....Cuando estás cara a cara  y a sólas con la familia de tu paciente y tienes que comunicar una mala noticia como esta, ninguna palabra te parece la adecuada....

Cuando tienes que plantear a una familia que acaba de perder a su ser querido la posibilidad de la donación de órganos, piensas en muchas cosas y estás atento en todo momento tanto al lenguaje verbal como el no verbal, y algo que siempre me ha sorprendido gratamente es comprobar como la familia en muchas ocasiones se siente aliviada en cierta medida al escuchar esta posibilidad, pues de alguna manera piensan que al menos la pérdida de su familiar puede tener algún sentido, aunque sea para otros, y la violencia de la pérdida tan brusca, se torna de un cariz un poco más relajado y les deja cierta sensación altruista.

A mi paciente le tocó abandonar la partida de su vida, pero hay muchos otros ahí fuera esperando que están a punto de comenzar a "jugar". Muchos otros pacientes de otros médicos como yo que estarán agradecidos eternamente por esa nueva oportunidad que les brinda la vida,  que les brindan personas anónimas como mi paciente, regalándoles días para disfrutar con un nuevo corazón, un nuevo riñón o unas nuévas córneas...

Os dejo un fragmento de la película "Todo sobre mi madre" de Pedro Almodóvar donde se aborda el tema de la donación de órganos.

Video TODO SOBRE MI MADRE - Almodovar
Cargado por Es-Espanol. - Todas las temporadas y episodios enteros online.

lunes, 8 de noviembre de 2010

La ironía de la culpa

Hace un tiempo acudió a urgencias un paciente que había ingerido involuntariamente una pequeña cantidad de lejía. 

Se trataba de un paciente de unos 75 años, Manolo, vivía con su mujer, María, en su casa del pueblo. El día anterior, María había estado limpiando la cocina, y había dejado lejía en un vaso al lado del fregadero. 

Manolo llegó por la mañana a su cocina reluciente después de su paseo matutino por el pueblo y de haber trabajado un poco en el campo, muerto de sed, y vió un vaso lleno de "agua", así que dió un buen trago...Rápidamente se dió cuenta de que algo no iba bien, comenzó a sentir como le quemaba en agua en la boca y una sensación de fuego en el pecho....Al oirlo toser, María acudió corriendo a la cocina y se dió cuenta de lo sucedido....Muerta de miedo llamó a sus hijos que trasladaron a Manolo al hospital, no si antes increpar a su madre por la impruencia que había cometido dejando la lejía en un vaso...Ella estaba muy nerviosa y estaba ya mayor, sus hijos decidieron que era mejor que se quedara en casa a la espera de noticias.

Llegó Manolo a urgencias con sus hijos, con los síntomas típicos de la ingesta de un cáustico. Sin embargo, dado que Manolo se había dado cuenta de que el contenido del vaso no era agua, no había ingerido una gran cantidad, y aunque los daños que había sufrido revestían gravedad, todas las pruebas que le realizamos parecían indicar que iba a evolucionar favorablemente, quedando quizás con alguna secuela, pero se recuperaría...

Informé a los hijos del pronóstico, tranquilizándoles en la medida de lo posible, les expliqué que le íbamos a ingresar para continuar con el tratamiento y observar su evolución, pero que esperábamos que todo fuera bien y volví con el paciente.

Los hijos llamaron a María a la casa del pueblo para comunicarle las buenas noticias, pero María no contestaba al teléfono, lo intentaron varias veces sin suerte...intranquilos vinieron a decirme que iban a ausentarse un rato, pues estaban preocupados por su madre, y querían ir a buscarla para traerla con Manolo ahora que había pasado el peligro. Les dije que no se preocuparan, que Manolo estaría unas horas más en urgencias y yo estaría con él.

La guardia siguió como siempre, con el trasiego de pacientes típico de los servicios de urgencias, hasta que unas horas más tarde vi entrar por la puerta una ambulancia. Traían a una paciente de unos 70 años, inconsciente y con evidentes signos de gravedad, corriendo detrás venían los hijos de Manolo con la cara desencajada. 

Era María, mientras esperaba noticias de su marido allí sóla en su casa, pensó que Manolo moriría por su "culpa", por su imprudencia al haber dejado la lejía en un vaso en la cocina, se sintió desolada, ella no se lo perdonaría nunca, y sabía que sus hijos tampoco lo harían. María no podía vivir eso, con la carga de haber "matado" al que había sido su compañero durante toda su vida...Vió la botella de lejía, y decidió quitarse la vida de la misma forma, decidió que la vida no merecía la pena sin Manolo y pensó que lo justo era acabar igual que su marido, así que se bebió toda la lejía que quedaba en la botella, no un sorbo como Manolo, sino toda la botella....

Así llegó María a urgencias, sumida en la culpa y la pena y en estado muy grave...Intentamos estabilizarla con todas las medidas posibles, pero tras realizarle las pruebas pertinentes pudimos comprobar que en su caso los daños eran demasiado extensos, y en esta ocasión, no había nada que pudiéramos hacer, los daños eran irreversibles y ni siquiera la cirugía podía ayudarla....Conseguí poner a María en una cama al lado de Manolo, a ella se le iluminó la cara al ver que su marido estaba bien...y con esa sensación la dejé antes de sedarla para evitarle el dolor que suponían sus lesiones....

Manolo se recuperó físicamente en unos días, pero María no lo consiguió...

Os parecerá una historia propia del cine o la televisión, en cierta medida recuerda un poco a la historia de Romeo y Julieta, pero esta historia que os cuento es real, la viví de cerca en una guardia hace unos meses, y no puedo transmitiros con palabras la pena que sentí cuando los ví a los dos en urgencias y comprendí los motivos que habían llevado a María a tomar la determinación de acabar con su vida de la misma forma que ella pensaba que había hecho con Manolo...



"El veneno, lo veo, ha causado su fin prematuro. -¡Oh! ¡Avaro! ¡Tomárselo todo, sin dejar ni una gota amiga para ayudarme a ir tras él! -Quiero besar tus labios; acaso exista aún en ellos un resto de veneno que me haga morir, sirviéndome de cordial"
Romeo y Julieta

jueves, 4 de noviembre de 2010

El supermercado sanitario

Es que es lo que parece a veces, un supermercado...Cada vez es más frecuente que acudan pacientes a urgencias solicitando una prueba complementaria a demanda:

-"Hola María, cuénteme, ¿que le pasa?
- "Pués vengo para que me hagan un TAC..."
- "Bueno María, y qué le parece si empezamos por el principio y me dice lo que le pasa...?"
- "Pues ya le digo, que me duele la cabeza, y como mi médico no me hace caso, vengo para que me haga usted un TAC, no vaya a ser que tenga un tumor cerebral como mi vecina, que empezó a así y no le digo yo donde está ahora...."

En realidad, la cuestión no es que su médico no le haya hecho caso claro, es simplemente que su médico no ha considerado que el paciente tuviera indicación para la realización de la prueba complementaria que solicita el paciente por unos motivos médicos concretos...Pero últimamente eso parece importar cada vez menos, y hay pacientes que no se contentan con una opinión médica, por mucho que se lo expliques o que inviertas el tiempo necesario, no es suficiente, y no cesan en su empeño hasta que no se les realiza la prueba en cuestión, y si no lo haces, comienzan con las amenazas de las demandas y cosas por el estilo, tema que abordaremos en otro post...

Entiendo perfectamente la preocupación que pueda tener un paciente a una enfermedad concreta ante la presencia de un síntoma, todo el mundo tiene algún conocido al que le ha pasado tal cosa o tal otra,  y hoy en día hay mucha información a nuestro alrededor, aunque a veces no esté bien filtrada o enfocada, y eso genera aún más preocupación y confusión en los pacientes. 

Por eso, pero ante un problema de salud, uno busca la ayuda de un profesional, y siempre es mejor dejarse aconsejar por ese profesional, puesto que lo que ha sido bueno para un paciente, no siempre tiene por qué ser bueno para otro, auque tenga un síntoma parecido...el cuerpo humano es un organismo complejo, y se necesitan años de estudio y experiencia para intentar interpretar los mensajes que nos envía cuando algo no va bien...

Ir al médico no es como ir al supermercado, pedir una eco o un TAC no es como pedir un Kg de tomates, incluso en esos casos les solemos pedir a la dependienta que nos elija los productos de mejor calidad...

Esa es mi reflexión, hay que dejar que los profesionales sanitarios hagan su trabajo, confiar un poco en la medicina y en el criterio de un profesional que se ha formado para desempeñar esa labor. Hay que pensar que, si ese profesional considera que esa prueba complentaria es necesaria para un paciente, no es necesario que el paciente se la pida, pues su médico no dudará ni un momento en solicitarla, aunque sean las 3 de la mañana y tenga que despertar al radiólogo y llevarse alguna mala respuesta, a ese profesional eso "le da igual",  pues al fin y al cabo cuando uno está ahí es para eso, para buscar lo que es mejor en cada caso concreto y para cada paciente...

Os dejo este fragmento del último capítulo de la serie House, que aunque por unos motivos diferentes, ejemplifica más o menos lo que os quiero decir: 

martes, 2 de noviembre de 2010

Choque de creencias

Hace un tiempo acudió a urgencias un paciente que estaba vomitando sangre. El paciente presentaba signos que traducían una pérdida sanguínea importante y precisaba de una actuación inmediata. Tras la anamnesis y valoración inicial me dispuse a informar al paciente sobre la situación y le indiqué que, entre otras medidas terapéuticas, iba a ser necesario realizarle una transfusión sanguínea, una terapia bastante frecuente en diversas situaciones de urgencias.

Hasta ahí todo transcurrió con la "normalidad" que se puede esperar en este tipo de situaciones, entendiendo "normalidad" como el transcurso habitual de los procesos médicos según los protocolos establecidos. Sin embargo, pude observar la expresión del paciente cuando le informaba acerca de la transfusión de sangre. Su expresión era de rechazo absoluto,  y en un principio no alcanzaba a comprender por qué. Normalmente los pacientes sienten aprensión a este tipo de terapias, es lógico, pero no suelen expresar ese rechazo tan categórico, a no ser que haya alguna otra razón para ello que el mero escrúpulo.

Este era el caso de mi paciente, rápidamente me explicó que sus creencias religiosas no le permitían aceptar dicho tratamiento, era Testigo de Jehová, y según me explicó, para él, aceptar que se le realizase una trasnfusión suponía no acatar la voluntad de Dios, según lo que entendían de diversos pasajes de la Biblia, y eso conllevaría perder la esperanza de la resurrección  y la vida eterna, además de dar la espalda al resto de su comunidad, con el consiguiente rechazo social que eso le supondría....

Yo me considero una persona de mente abierta, y en general capaz de ponerme en el lugar de los demás, o al menos, capaz de intentarlo, soy respetuosa con las creencias y opiniones de mis pacientes, y en el resto de ámbitos de mi vida en general, pero en esta ocasión, pude vivir de cerca un conflicto ético que me tuvo en vilo durante bastante tiempo.

Las otras medidas terapéuticas que se instauraron no resultaron efectivas y dada la gravedad del proceso que presentaba el paciente la única solución viable era una cirugía de urgencia. Pero para poder realizar esta cirugía también era necesario contar con la reposición de la pérdida de sangre que presentaba el paciente, pues de otra manera, su vida corría serio peligro.

Mantuve una conversación al respecto con el paciente, informádole de que podía morir si no aceptaba la trasnfusión, pero su convicción era férrea, y me afirmó impasible, que si eso era lo que estaba escrito para él, pues así sería, prefería morir antes que recibir una trasnfusión y dar la espalda a sus creencias.

Impotente, salí a buscar el apoyo de sus familiares, con la esperanza de que al hablar con ellos compredieran la situación de riesgo vital y consiguieran hacerle entrar en razón...Pero de nuevo me encontré con la misma barrera, como era de esperar, ellos compartían su convicción y de la misma forma asumieron la muerte de su ser querido antes que aceptar la transfusión.

Entonces me planteé varias cosas, por un lado mi labor como médico consisten en promover y mantener la salud de mis pacientes y por otro lado mi deber es ofrecer a cada paciente el método terapéutico más efectivo y a la vez menos lesivo para su patología. Y aquí entra la complejidad del concepto de lesividad, pues lo que uno puede considerar poco lesivo para el cuerpo, puede en ocasiones suponer un gran agravio para el alma, y al fin y al cabo, el ser un humano no es una máquina que haya que reparar, es en realidad, un complejo conjunto físico y emocional, y el concepto de salud, depende del bienestar de todas las esferas que componen el ser humano.

Así pues, ofrecí al paciente toda la información que pude respecto a su situación y las consecuencias de sus actos, recordándole la absoluta confidencialidad de su decisión, especialmente importante si decidía aceptar la transfusión y pude comprobar como, efectivamente, se encontraba en plenas facultades para tomar la decisión que estaba tomando, por lo cual, me vi obligada a acatar lo que me pedía y aceptar su rechazo. 

Así lo hice, y así le acompañé durante el proceso, siempre dejándole ver que si en algún momento cambiaba de opinión, una sóla palabra sería suficiente, pero no lo hizo, no cambió de opinión, se mantuvo firme a pesar de sentir como su vida pendía de un hilo, transmitiendo esa paz espiritual que conlleva el creer que estás a punto de emprender un nuevo camino...pero aún hoy me pregunto: ¿es eso suficiente para mi como médico?

viernes, 29 de octubre de 2010

Barreras

En los tiempos que corren, los avances tecnológicos han facilitado en muchas ocasiones la labor de los profesionales sanitarios. Entre otras cosas, el poder disponer de una historia clínica informatizada es, teóricamente un avance...

Y digo teóricamente porque aunque la idea inicial era buena, lo cierto es que queda mucho por hacer para mejorar los sistemas informáticos de los que disponemos actualmente y conseguir que nos sean realmente útiles, pues lamentablemente, aún nos siguen exigiendo procesos demasiado complejos a la hora de introducir y emitir información médica, lo que no hace más que entorpecer el trabajo, y más teniendo en cuenta el escaso tiempo del que disponemos para atender a cada paciente. 

No obstante, pretendo ser optimista a este respecto y pensar que poco a poco las cosas irán mejorando y los sistemas informáticos nos ayudarán a conectar la información médica de atención primaria con la hospitalaria, que mejorará el sistema de recetas, la codificación de patologías...en definitiva que acabará resultando una  ayuda en la consulta y no todo lo contrario....supongo que es cuestión de tiempo...

Independientemente de esto, algo que siempre me ha preocupado al respecto de disponer de una historia clinica informatizada es lo que supone en la relación médico-paciente. 

Sé que es un tema que viene de lejos, pero es que aún cada día, podemos comprobar como en algunas ocasiones, el paciente acaba por tener la sensación de que el médico está examinando el ordenador en lugar de a él mismo. En los programas informáticos hay mucha información relativa a la historia de salud del paciente, y en servicios como los de urgencias, en que no conoces al paciente previamente, es muy útil poder disponer de ella, pero para que realmente resulte útil debes disponer de un acceso a la información ágil y clara, lo que no sucede habitualmente...

Y es que en muchas ocasiones te descubres a ti mismo hablando con el paciente sin mirarle a los ojos, sino mirando a la pantalla del ordenador e intentando introducir determinado diagnóstico sin conseguir encontrar el código o intentando acceder a su historial farmacoterapéutico.

Está claro que hay factores muy estudiados que ayudan a minimizar este efecto tan impersonal que conlleva la barrera informática, pero creo que aún nos queda mucho por hacer, y que no debemos olvidar que ante todo, el paciente necesita sentir la cercanía de su médico, sea su médico de atención primaria, su médico de urgencias o su especialista correspondiente. 

El ordenador no debe suponer una barrera en esta relación sino una mejora en la atención sanitaria global, intentemos no convertir la relación médico-paciente en una relación de tres, donde el ordenador es la "carabina" que siempre está enmedio, intentemos recuperar y mantener la "magia" de la comunicación....

miércoles, 27 de octubre de 2010

El endiosamiento especializado

La profesión médica pasa cada vez más por crear superespecialistas en patologías cada vez más concretas, de forma que dentro de cada unidad existen profesionales que se dedican sólo a determinadas áreas de su especialidad, por ejemplo, el cardiólogo que se dedica sólo a las arrtimias, o sólo a hacer ecocardiografías....

En medicina de familia o medicina de urgencias no pasa eso. Esa es una de las cosas que siempre me gustó de esta especialidad, el poder atender a un paciente en su globalidad, con un enfoque biopsicosocial.  Por supuesto, no quiero decir con eso que no sean necesarios los superespecialistas, creo que es un beneficio para el paciente encontrar profesionales especializados en cada una de las patologías, y que eso ayuda a una atención integral del paciente, aunque esté un poco sectorizada.

Sin embargo, tradicionalmente, la medicina de familia se ha considerado una especialidad "menor", siempre ha quedado el estigma de que los médicos de familia son meros burócratas y encargados de la patología banal....afortunadamente esto está cambiando, y poco a poco se va reconociendo a los médicos de familia como lo que son, profesionales especialistas, con una formación y una visión muy completa de la medicina.

Al no existir aún una especilidad en medicina de urgencias, los servicios de urgencias hospitalarios son llevados en su mayoría por médicos de familia, en el menor de los casos por médicos internistas, por ser la especialidad cuya formación más se adapta al desempeño de este tipo de trabajo. 

Sin embargo, en los sevicios de urgencias aún pesa mucho la idea que los médicos de familia no estamos preparados, y en el entorno hospitalario, en muchas ocasiones, no se nos considera como lo que somos, especialistas vía MIR igual que ellos...

A este respecto, es curioso y muy llamativo, ver como cuando entran las nuevas promociones de R1 mantenemos con ellos una relación docente, independientemente de que sean residentes de medicina de familia o de cirugía cardiovascular, por poner un ejemplo, una relación necesaria y gratificante en ambos sentidos. Sin embargo, conforme pasan los años de residencia, vas comprobando como cambia la relación con estos residentes que acaban siendo adjuntos igual que tú. 

De repente un día llamas al busca de un especilista concreto, y aparece ese residente mayor o recién adjunto, en cuya formación también has colaborado, con unos aires diferentes, con esos aires de superioridad característicos, esa visión parcial que les hace olvidar los años vividos en el "campo de batalla", en las "trincheras", y cuando les realizas una consulta respecto a un paciente puedes ver como acaban "dándote lecciones" que tú mismo les enseñaste previamente, y pretendiéndo tratarte con menosprecio por no saber algo concreto a cerca del manejo de una determinada patología propia de su especialidad.

Y en definitiva, eso es una pena, la medicina, especialmente la hospitalaria, es en ocasiones una profesión plagada de competitividad, y también en muchas ocasiones, llena de inseguridades personales que se subsanan pisando al otro para sentirse más fuerte...

Yo ya hace años que trabajo en esto, y hace tiempo que dejé de darle importancia a estas cosas, y cuando aprendes a verlo desde fuera con la relatividad que merece, te das cuenta de que eso no importa, pues desde el principio lo importante siempre ha sido el paciente, y sólo se necesita un poco de mano izquierda para poder ordenar la "orquesta" que supone en muchas ocasiones el tratamiento conjunto por parte de varios especialistas en una situación de urgencia. Ahora cuando llamo a un especialista por un abdomen agudo por ejemplo, y compruebo como pretende hacerme un "examen" telefónico para justificar mi consulta y su presencia para valorar al paciente, me sonrío, otras veces me cabreo claro, soy humana ,y simplemente les digo que se dejen de chorradas y que baje a ver al paciente, sobre todo cuando ese "examen" pretende hacermélo un residente que el año pasado me necesitaba hasta poner una intramuscular...

En definitiva, en este post pretendía hacer una reflexión acerca de la necesidad de fomentar el trabajo en equipo entre los distintos especialista, de fomentar el respeto mutuo y ser capacer de ver que en un sistema superespecializado, todos somos necesarios y complementarios. Los médicos de urgencias somos necesarios no sólo para ver la morralla que dicen algunos, sino para ser capaces de distinguir la patología urgente y grave entre el resto de consultas que atendemos a diario, y tener la capacidad necesaria para ofrecer a cada paciente la atención que precisan en función de su patología, bien sea a nivel de urgencia o siendo capaces de orientar dicha patología a un especialista concreto para completar el estudio y tratamiento que se escapan de los límites de la urgencias.

Estamos todos en el mismo barco, somos todos compañeros, no nos olvidemos que a todos nos mueve la misma motivación, que es el bienestar del paciente, así que intentémos olvidarnos de nuestro ego y centrémonos en lo importante...que al fin y al cabo, independientemente de la especialidad a la que nos dediquemos....TODOS SOMOS MÉDICOS, en el sentido amplio de la palabra.

lunes, 25 de octubre de 2010

El fin como medio

En los servicios de urgencias cada vez es más frecuentes atender a pacientes que acuden tras un intento de suicidio. 

Hay muchos tipos de intentos de suicidio, algunos de ellos con métodos muy lesivos, preparados y meditados y que buscan realmente acabar con todo, motivados por una desesperanza vital real y que precisan de una intervención especializada, pero no es de estos casos de los que quiero hablar en este post, me refiero en este caso  a tentativas de suicido que se usan como método para llamar la atención.

Es muy frecuente últimamente encontrarnos con pacientes jóvenes, en su gran mayoría de sexo femenino y que realizan ingestas más o menos masivas de medicamentos, habitualmente sedantes. 
 
Parece que nuestra sociedad está aprendiendo cada vez más a usar el chantaje emocional como medio para conseguir sus propósitos en situaciones tales como problemas conyugales o familiares diversos. 

Cuando atiendes a una paciente de estas características y mantienes una conversación con ellas te das cuenta de que realmente no pretendían acabar con su vida, aunque no son conscientes de que están jugando a un juego muy peligroso.

No hace mucho, atendí a una paciente que realizó una ingesta medicamentosa tras discutir con su pareja. Eligió un fármaco que a ella le parecía inocuo y que le resultaba fácilmente accesible, el paracetamol. Tras tomarse las pastillas la paciente llamó a su pareja para hacerle conocedor de lo que había hecho y reclamar su atención, pues después de la discusión que habían tenido, se había ido de casa. Acudieron a urgencias los dos, ella con una "sonrisa a medias" que traducía su satisfacción por haber conseguido que él volviera a su lado, aunque fuera temporalmente.

La paciente había tomado una dosis tóxica de paracetamol sin saberlo, pensando que era algo inofensivo, y ahora su vida corría peligro. Cuando le comuniqué los resultados de los análisis y la gravedad que revestía el proceso, se quedó mirándome perpleja, ella no quería eso, ella quería vivir, ella estaba jugando a un juego muy peligroso que consiste en usar el concepto del fin de la vida como medio para conseguir un objetivo...sólo que en este caso este juego le había salido demasiado caro...

Afortunadamente la paciente acudió pronto a urgencias tras la ingesta y se pudieron iniciar las medidas terapéuticas necesarias de forma precoz...afortunadamente, a pesar del riesgo que corrió, la paciente evolucionó favorablemente y no presentó mayores complicaciones, aunque estoy segura de que si de algo le sirvió su estancia en UCI y demás situaciones vividas, fué para valorar la vida y lo que supone disfrutarla... 

Y es que cada día que pasa, y cada paciente que veo y con el que comparto sus preocupaciones y patologías, me aferro más a la idea de que a veces no somos consicentes de lo afortunados que somos por que se nos haya dado la oportunidad de intentarlo, de recorrer nuestro camino tomando nuestras propias decisiones, de compartir nuestros avatares con nuestros seres queridos....

Dicen que uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde, no esperemos a perder la vida o la salud para ser consicentes de la oportunidad tan grande que se nos ha brindado y para darnos cuenta de que sólo tendremos esta oportunidad, no perdamos la oportunidad de ser felices, no juguemos con la vida para conseguir un fin...vale mucho más que eso...

viernes, 22 de octubre de 2010

Tú también puedes hacerlo

Es bien sabido por todos que los primeros minutos tras una parada cardiorrespiratoria son básicos para evitar una muerte prematura, y auque el propósito de este blog no es ni mucho menos la docencia, como médico de urgencias que soy, no he podido resistirme a hacer mención de la importancia de la educación poblacional en las maniobras de reanimación cardiopulmonar básica, pues con muy poco, se puede salvar una vida, y eso no es algo que podamos decir fácilmente en medicina. 

Así pues, os dejo aquí el algoritmo publicado en el documento resumen de la Guía 2010 de RCP de la ERC traducido al español, incluido en el Plan Nacional de RCP promovido por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC).

Tan sólo señalar que aunque en el algoritmo sigue indicando la conveniencia de realizar la secuencia de 30 compresiones: 2 ventilaciones, esta recomendación es válida para el personal sanitario, mientras que para la población general se aboga por la RCP sólo con compresiones torácicas.


jueves, 21 de octubre de 2010

Mi vida sin mi

Tras escribir el post de ayer estuve pensando en lo difícil que resulta comunicarle a un paciente una mala noticia, y encontré este fragmento de la película "Mi vida sin mi", dirigida por Isabel Coixet:


miércoles, 20 de octubre de 2010

Negando lo innegable

A lo largo de nuestra vida experimentamos muchas situaciones que nos suponen una pérdida, bien sea la pérdida de un ser querido, o en el caso que os voy a contar, la pérdida de la salud.
El proceso de aceptación de una pérdida en el sentido amplio de la palabra, pasa por cinco etapas, definidas extensamente en la literatura, pero que en resumidas cuentas vienen a ser: la NEGACIÓN, la ira, la depresión, la negociación y finalmente la aceptación. 

En la primera etapa, nuestro apego a lo perdido, la salud en este caso, nos hace sentir esa voz interior que nos dice: "No, a mi no" y mientras más nos aferramos a la idea de que la vida debe ser justa y que esperamos algo más de ella, mayor es la incapacidad para aceptar la pérdida.

Ayer se celebró el Día Contra el Cáncer de Mama, y a pesar de la información cada vez mayor difundida sobre la prevención y tratamiento de este cáncer, a veces, hay barreras psicológicas que te impiden aceptar la realidad.

Acudió a urgencias una paciente jóven, menor de 40 años, madre de dos hijos pequeños, por un cuadro de tos de semanas de evolución que no le mejoraba con el tratamiento que había tomado. En sí el caso no parecía revestir gravedad, pero la paciente estaba muy pálida y no tenía buen aspecto general. 

Después de la anamnesis le dije que se desvistiera para poder explorarla. Pude notar su incomodidad, pero pensé que era timidez, hasta que se quitó la camisa y vi la lesión que presentaba. 

Se trataba de una lesión claramente cancerosa, extendida por toda la mama y por la zona pectoral que llegaba hasta la espalda. Estaba ulcerada y sangraba, por lo que la paciente la había ido cubriendo poco a poco con paños para "esconderla".  

Por un momento me quedé sin palabras, en absoluto esperaba encontrar algo así...Me quedé a solas con ella e intenté interrogarla poco a poco, si presionarla, pues estaba claro que no quería hablar de ello...Hacía meses que había aparecido la lesión, pero según sus propias palabras, "pensaba que se curaría sóla", no había acudido a su médico porque decía que estaba muy ocupada y no le había dado importancia...

Durante la conversación que mantuvimos me dí cuenta de que la paciente no deseaba recibir ningún tipo de información, no me hizo ni una sóla pregunta de por qué la ingresaban ni sobre qué pruebas o tratamientos necesitaba, y mucho menos sobre ninguna aproximación diagnóstica. Respeté su posición, estábamos en el contexto de un servicio de urgencias, y después de todo, no había prisa, ya tendría tiempo de ir aceptando lo que le sucedía.

A pesar de eso, su expresión transmitía que estaba empezando a superar la primera fase de la aceptación, esa negación en la que había quedado anclada los últimos meses, esa negación que la había llevado a evitar su realidad, a continuar con su vida normal evitando pensar en su salud, que la había llevado finalmente a negar lo innegable.

La paciente fué ingresada para completar el estudio e iniciar el tratamiento oportuno, fuí a visitarla en repetidas ocasiones hasta que fue dada de alta, pues en urgencias establecí con ella una relación que sentí que merecía mantener, aunque sólo fuera por ofrecerle mi apoyo. 

Durante las visitas pude comprobar como poco a poco fue pasando por el resto de las etapas hasta que llegó a la aceptación.  A día de hoy puedo deciros que ella misma no comprende cómo tardó tanto en consultar a un médico, pero se encuentra estable física y emocionalmente, y continua poco a poco recorriendo su camino...